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El maná está en los estados financieros y, hasta hoy, nadie lo ha explotado

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Pero hasta los que dominan las intenciones de estos reportes explotan su capacidad analítica en un porcentaje realmente pequeño, no por falta de conocimiento o capacidad sino porque, hasta recientemente, no se habían conjuntado las condiciones para que fuera diferente.

Revisemos algunas características de la información financiera, avances tecnológicos y un poco de estadística y veamos si conjuntándolas logramos una convergencia virtuosa.

Los datos contenidos en los estados financieros son agnósticos y universales; es decir, sin importar el tamaño de la empresa, giro o región geográfica, su significado es el mismo o, en el peor de los casos, extremadamente similar (activo, pasivo, capital, depreciación, ingresos, costos, gastos, intereses, y un sinfín de etcéteras).

Tienen relatividad estadística y podemos hacer ejercicios de significación lo que nos permite utilizar procesos analíticos para comparar entidades que, a simple vista, podrían ser dramáticamente distintas.

El tratamiento que les hemos dado hasta ahora los hace monolíticos y rígidos; es decir “mis datos son mis datos y no los comparto”. Además de haber en esto un equivocado sentido de pertenencia, es menester decir que no existían las condiciones tecnológicas y de seguridad para que fuese diferente y que se encontrara conveniencia y/o utilidad en compartir la información.

Lo grave de todo esto es que el proceso analítico se convierte en un acto de percepciones: “mi relación activo circulante a pasivo circulante es de 1.2, ¿esto es malo o bueno?”, pregunta a la que deberíamos responder con un inexorable e inútil: depende.

La inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés) avanza a pasos agigantados, lo que nos permite no solamente potenciar las capacidades analíticas y predictivas, sino hacer el proceso de acopio de datos francamente sencillo y sin ninguna fricción o trabajo adicional.

Si conjuntamos estos elementos (y algunos otros que no desarrollo en pro de mantener este escrito en la categoría de breve) y explotamos la convergencia digital por la que atraviesa el mundo de forma por demás acelerado, lo que se crea es un ecosistema rico en información, con capacidad analítica prácticamente infinita y con una dinámica que puede ser calificada como virtuosa, ya que cada empresa que comparte sus datos (de manera estrictamente confidencial y protegida) enriquece al entorno beneficiándose y beneficiando al resto.

Al final, el gran objetivo que deberíamos compartir todos los empresarios es maximizar las posibilidades de éxito por el bien individual, colectivo, social y del país.

El maná está en tus estados financieros, las condiciones para extraerlo y explotarlo están dadas.

Nota del editor: Marcelo De Fuentes es Presidente y CEO de FUNDARY. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertencen exclusivamente al autor.

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Unicornios, ¿una fascinación peligrosa

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Lo que tienen en común los unicornios, además de su enorme valoración, es que generalmente no son rentables y necesitan de fuertes inversiones de capital para seguir adelante. La mayoría está en fase de “hipercrecimiento” (blitzscaling) alimentados del capital riesgo de los inversores. Los unicornios gastan dinero hasta el punto de que la “tasa de consumo” es una métrica real.

Muchas miniseries que se pueden ver en plataformas de streaming describen los inicios y la incesante carrera por el crecimiento de los unicornios. En una de estas series podemos ver al cofundador de Uber, Travis Kalanick, pedir a un fondo de inversión millones de dólares después de haber recibido varios millones un par de meses antes. Y vemos cómo Uber consigue ese dinero.

El lema de los unicornios es universal: “crecer o morir”. Los inversores creen que en cada nuevo espacio de mercado (y Uber ha creado uno de estos espacios) habrá un unicornio. Por tanto, piensan, hay que apostar por el adecuado y aguantar.

Pero estas empresas no suelen tener un modelo de ingresos sostenible. Su objetivo es superar a cualquier competidor potencial porque se encuentran en una situación de “winner takes all” (el ganador se lo lleva todo). Los extremos a los que llegó Uber para conseguir nuevos clientes y conductores en sus primeros años son un ejemplo perfecto. Los inversores tienen la estrategia de “high risk high reward” (riesgo alto, recompensa alta). Su objetivo es alimentar el negocio, hacer que salga a bolsa (IPO) y hacer caja.

Las políticas públicas suelen apoyar la aparición de unicornios. Hay muchas razones sensatas para ello. Los unicornios tienen, de hecho, un importante impacto en la economía. Son fuente de empleos directos e indirectos, pero también de innovación. Pueden liderar ecosistemas enteros compuestos por start-ups y pymes como el que ha conseguido construir la china Alibaba. De este modo se crean oportunidades para el talento como, por ejemplo, ingenieros altamente capacitados que, de otro modo, podrían abandonar el país o la región y beneficiar a otros.

Dicho esto, hay muchas voces que cuestionan el modelo de los unicornios.

Los unicornios son los “cisnes negros” del mundo emprendedor , en referencia a la teoría de los cisnes negros de Nassim Taleb. Los unicornios son extremadamente raros y aleatorios, pero igualmente se presentan como modelos aspiracionales.

Como académica, y basándome en mi trabajo y en el de otros colegas, discrepo de que estas empresas puedan servir de modelos. En primer lugar, las políticas públicas están orientadas a las empresas de alto crecimiento (gacelas). Todo está hecho para la aparición de gacelas, unicornios y otras criaturas míticas. Aunque estas representan una parte infinitesimal del panorama empresarial, eclipsan por completo al resto de las start-ups y pymes. Esto se traduce en menos apoyo y reconocimiento para las empresas que de verdad hacen funcionar la economía.

En segundo lugar, este modelo poco realista de éxito empresarial puede inducir a determinados comportamientos poco saludables. La obsesión por el crecimiento y la presión de las diferentes partes interesadas (los inversores en particular) fomentan el oportunismo irresponsable. Es el ejemplo de Theranos, cuya ex directora general ha sido condenada recientemente por fraude. Y, de una manera más general, fomentan un comportamiento tóxico que se traduce en lugares de trabajo tóxicos, algunos de los cuales se han señalado en unicornios famosos (como es el caso de WeWork en sus inicios), pero que también existen miméticamente en startups desconocidas.

En tercer lugar, el modelo de crecimiento antes de la rentabilidad es, la mayoría de las veces, una vía rápida hacia el fracaso. En un estudio reciente que abarca el 40% de todas las pymes europeas en un periodo de ocho años, mi coautora y yo descubrimos que las empresas (de todos los sectores) que inicialmente priorizaban la rentabilidad antes que el crecimiento tenían 2.5 veces más probabilidades de asegurar con éxito tanto la rentabilidad como el crecimiento, a medio y largo plazo, que las que se centraban principalmente en el crecimiento.

Se trata de un gran logro, ya que es muy difícil que las empresas acaben obteniendo a la vez rentabilidad y crecimiento, ya que estos objetivos pueden ir a veces en direcciones opuestas. Además, descubrimos que las empresas que centraban su estrategia inicial en el crecimiento tenían 2.6 veces más probabilidades de acabar con malos resultados, tanto en términos de crecimiento como de rentabilidad.

Esto significa que, en general, los beneficios tiran del carro del crecimiento y no al revés. Los responsables políticos deberían replantearse sus estrategias orientadas al crecimiento para centrarse más en la importancia de la rentabilidad. Por supuesto, se necesitan políticas y mecanismos de apoyo específicos para los unicornios y otras empresas de alto crecimiento, pero estos no son relevantes para la mayoría de los emprendedores que no tiene tales ambiciones de crecimiento.

Nuestros resultados implican que las estrategias orientas al crecimiento no deberían fomentarse indistintamente. Y, cuando se fomenta el crecimiento, la rentabilidad debe ser el objetivo inicial, si queremos conseguir mantener el crecimiento y beneficiar sistemáticamente a la economía.

Nota del editor: Cyrine Ben-Hafaïed es profesora de Emprendimiento, Innovación y Estrategia de IÉSEG. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

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‘Spain is different’

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Tal vez fuera más apropiado decir «Spain, still different», España, todavía diferente, pues la vieja peculiaridad continúa. Creíamos habernos modernizado, europeizado, sacudido los rasgos que entusiasmaron a tantos viajeros extranjeros, pero no para su país, y resulta que tras una Transición modélica, un alza del nivel de vida espectacular y recibir casi el doble de turistas que habitantes, a trancas y barrancas caemos en el cainismo de siglos anteriores, y se dan entre nosotros situaciones que difícilmente ocurren en la la Europa civilizada. Pues ¿puede haber algo más chabacano que ser anfitrión de una de las organizaciones más importantes del planeta y, al mismo tiempo, tener en su Gobierno enemigos acérrimos de dicha organización? Se puede ser extravagante, como son a veces los ingleses, pero no hasta ese punto, ya que peligra la salud tanto física como mental de los espectadores.

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La Iglesia ortodoxa rusa en la guerra

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La Unión Europea ha fracasado en incluir al patriarca de Moscú y todas las Rusias, Kirill I, en la lista de las personas sancionadas por su responsabilidad en la guerra en Ucrania, de la que se ha librado gracias a Víktor Orbán. Sin embargo, está exclusión no borra los hechos: desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR) y su patriarca han tenido un papel muy activo, tanto antes de la invasión, como después. Kirill I no ha condenado los crímenes ampliamente documentados contra civiles ucranianos, muchos de los cuales son sus feligreses; ha bendecido los misiles y a los soldados que ejecutaron la invasión, y en sus sermones afirma que Rusia en Ucrania está luchando contra el Anticristo, instando a los rusos a unirse en torno al Gobierno.

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Operación Cisne

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En abril de 2012, Eurostat dictaminó que las últimas cuentas de José Luis Rodríguez Zapatero estaban bastante mal hechas y que el déficit de España se había disparado hasta el 8,5 por ciento del PIB en el ejercicio anterior, cifra que la oficina comunitaria elevó luego hasta el 9,4 por ciento, muy por encima de lo declarado por el entonces presidente del Gobierno antes de ceder los trastos a Mariano Rajoy. «Nosotros le dimos los datos de los que disponíamos en ese momento», se exculpó Zapatero unos años más tarde. Aquel desliz contable –sustanciado en decenas de miles de millones y traducido en el hachazo fiscal de Montoro– se hubiera evitado, al menos ante la opinión pública que vota y decide, con un reajuste de la metodología del Instituto Nacional de Estadística, cuyas cifras revisa Eurostat a toro pasado y cuando el negacionismo doméstico no tiene vuelta electoral de hoja.

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Bien resuelto

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Bien resuelto. Que mueran decenas de personas en un intento de cruzar la valla que separa Melilla de Marruecos es una gestión de migraciones bien resuelta. Que la soberanía española en la ciudad autónoma sea de chicle, como la misma frontera, cuando se trata de que los gendarmes entren a barrer a palos a quienes saltaron pero no corrieron, está bien resuelto. Que la inestimable ayuda de tus socios sea amontonar cuerpos como sacos, también. Bien resuelto porque la única culpa, claramente, es de las mafias.

Demasiado tiempo encubre las vergüenzas este simplismo, habituados al cuento de los niños al dormir: «Lobo, malo». Y ya. Y mientras vemos cómo se las gasta el vecino, resuena el «bien resuelto» de Pedro Sánchez obviando la lista creciente de muertos.

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Matanza en frío

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Fue una matanza. A sangre fría. Llamarla de otra manera sería indigno. Y está claro que los desesperados africanos que asaltaban la valla estaban delinquiendo. Delictivamente habían entrado en territorio marroquí. Delictivamente fueron amontonados por Marruecos en sórdidos campamentos desde los cuales ser lanzados al final delito de asaltar una frontera. Y, luego, asesinados.

Con la amenaza de esos asaltos, Marruecos obtuvo siempre jugosos beneficios. Si el Gobierno español de turno paga, el ganado es retenido en el cercado. Si el Gobierno español de turno retrasa su óbolo, se le envía unos especímenes como muestra. De vez en cuando, puede que alguno muera. Pero la muerte, en una teocracia, no vale nada, absolutamente nada. Sí tiene precio al otro lado, en un país europeo, en una sociedad hecha al principio de que matar –y, mucho más, matar en masa– arruina la buena digestión de los televidentes a la hora del café.

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Errejón, maestro parrillero

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Como gran inteligencia de la izquierda que es, Íñigo Errejón ha propuesto que España vaya al mundial de Catar vestida de arco iris LGTBIQ. Esta propuesta, no nos engaña, es también una forma de disipar el impacto que ha causado una foto suya preparando una barbacoa en un ático.

Se le veía con unas pinzas, dando vuelta y vuelta a los lomitos, a los mandos de una barbacoa de buena cilindrada, nada de una plancha sobre dos ladrillos. En la foto, había que fijarse, asomaban también (menos mal) unos choricillos criollos y probablemente irradiadores en los que se posaba la mirada de Errejón de un modo intenso y paradójico: esa mente, que a diario está preocupada en salvar el planeta, en salvarnos de nosotros mismos, había decidido descansar el domingo y se concentraba en la disposición de los choricillos y en el churrascamiento igualitario (¡siempre!) de las carnes.

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Gobernemos la tecnología para reforzar la democracia

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La cumbre de la OTAN en Madrid deberá abordar múltiples cuestiones urgentes. Entre ellas la respuesta a la invasión rusa de Ucrania y la nueva proyección estratégica de la Alianza en Europa del Este. Se abordará también y como parte del diseño del nuevo concepto estratégico, la mejor manera de abordar las amenazas hibridas. Poco a poco se va otorgando un mayor peso estratégico a las tecnologías emergentes y a sus efectos sobre nuestras sociedades. Los ataques cibernéticos, las campañas de desinformación o el uso ofensivo de la inteligencia artificial son algunas de las nuevas amenazas a las que nos enfrentamos. Estas no son exclusivamente cuestiones comerciales o empresariales; comprometen nuestra seguridad nacional.

El reto de gobernar estas tecnologías desborda, sin embargo, la dimensión de seguridad.

La implementación y uso de estas tecnologías por parte de gobiernos autoritarios permite niveles de monitoreo y represión sin precedentes. Hay quien habla ya del surgimiento de un leviatán tecnológico, o de poderes públicos con amplia capacidad de seguimiento, control y manipulación de su ciudadanía. Estos modelos políticos alternativos se sitúan en las antípodas de las democracias liberales, donde las libertades individuales son la piedra angular del andamiaje político. Se configura a nivel internacional, por lo tanto, una colisión de modelos que bascula sobre el uso y regulación de las nuevas tecnologías.

Es importante, en todo caso, recordar que las tecnologías son neutrales en sí mismas, en el sentido de que sus implicaciones vienen determinadas por los valores que intervienen en su diseño e implementación. Esto es, los efectos de las tecnologías dependen de los objetivos e intereses de las personas que las desarrollen y las pongan en práctica. Los poderes públicos pueden incidir sobre el sistema de incentivos y valores que enmarca el proceso de desarrollo tecnológico, apoyando a aquellos emprendedores que promuevan soluciones tecnológicas que actúen en beneficio de la sociedad, y también configurando una diplomacia digital dirigida a contener el avance del iliberalismo tecnológico.

¿Cómo debe moldearse y aprovecharse la tecnología en favor del bien común? En particular, ¿cómo deben utilizarse las nuevas tecnologías digitales para hacer avanzar los valores democráticos (libertad, igualdad, inclusión, transparencia o privacidad), el Estado de derecho y los derechos humanos? Esta es una pregunta crucial que desde IE University estamos abordando con Tech4Democracy, una iniciativa estratégica que estamos liderando en asociación con el Departamento de Estado de Estados Unidos.

Tech4Democracy busca identificar y apoyar a personas que estén desarrollando tecnologías digitales afianzadoras de la democracia, a través de una serie de competiciones para emprendedores por todo el mundo, así como poner en marcha una línea de investigación a largo plazo sobre cómo estas tecnologías han de ser reguladas y apoyadas por parte de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil.

¿De qué tecnologías hablamos? Por ejemplo, algoritmos que ayuden a identificar y rechazar noticias falsas, soluciones que luchen contra los sesgos de la inteligencia artificial, tecnologías que refuercen la privacidad online o sistemas que hagan transparente y accesible la información y los servicios públicos.

Que las tecnologías digitales debiliten o refuercen la democracia está en nuestras manos: de nosotros depende decidir con qué fines las diseñamos, utilizamos y regulamos.

Los países democráticos tienen la responsabilidad de contrarrestar el autoritarismo, combatir la corrupción y defender los derechos humanos. Los gobiernos de estos países, de la mano del sector privado y del tercer sector (universidades, organizaciones sin ánimo de lucro, sociedad civil), tienen la ocasión de posicionarse y liderar la lucha mundial por la democracia. Si actuamos ahora, y actuamos decisivamente, tenemos la oportunidad histórica de salvaguardar la democracia para las generaciones futuras.

Al ‘pesimismo tecnológico’, tan común en nuestras sociedades, se le suma a menudo un ‘pesimismo geopolítico’: esto es, pensar que el futuro del mundo ya no pertenece a las democracias, sino que está en manos de los poderes autoritarios en auge. Sin embargo, en realidad las democracias son mucho más fuertes de lo que muchos piensan.

Siete de los diez países líderes en investigación y desarrollo experimental están clasificados como libres por Freedom House. De las 100 mejores universidades del mundo, 85 están ubicadas en países libres. Notablemente, los países participantes en la Cumbre por la Democracia auspiciada por el presidente de Estados Unidos en diciembre de 2021 representaban más del 70% del PIB mundial.

Estos datos demuestran que las democracias tienen una amplia capacidad para promover su sistema sociopolítico, sus valores y un orden internacional basado en reglas y en la primacía de los derechos humanos. Seamos conscientes de ello y aprovechémoslo al máximo. Especialmente a la hora de regular las tecnologías transformadoras, para que la disrupción que provocan debilite el autoritarismo y refuerce la democracia. La coordinación de las potencias democráticas para gobernar la revolución tecnológica es la mejor manera de garantizar que nuestros hijos y nietos sigan disfrutando de sistemas democráticos que promuevan la libertad, la inclusión y la prosperidad.

*Manuel Muñizes rector internacional, IE University

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Analítica, una ruta hacia la modernización y la innovación empresarial

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Al poner en manos de los usuarios más insights derivados del análisis de los enormes volúmenes de datos (Big Data), se enriquecen las aplicaciones y se automatiza la toma de decisiones.

Analítica para todos

Sin duda, toda empresa es una empresa analítica en potencia; cada proceso es un proceso analítico que puede mejorarse; y cada colaborador puede utilizar la analítica. Lo primero que se debe hacer para lanzar un proyecto analítico es contar con los datos a fin de proceder a su análisis, y utilizar los insights resultantes en beneficio del negocio.

Cuanto más rápido una organización pueda avanzar en el ciclo analítico, más pronto obtendrá un valor tangible de sus inversiones en esa tecnología. Este ciclo se fundamenta en tres pilares clave: la gestión de datos, la analítica y la visualización de datos.

La gestión de datos es el primer paso para manejar los grandes volúmenes de información y comenzar un proyecto analítico. Todos los datos que se utilizan en las actividades empresariales necesitan gestionarse lo mejor posible para obtener información confiable que permita tomar decisiones en rubros como el desarrollo de productos, el servicio al cliente, proteger la privacidad de datos e innovar, entre otros.

Por su parte, la analítica hace el análisis de innumerables hileras de números y cifras, y realiza cálculos complejos de forma rápida, poniendo en manos de los usuarios empresariales los resultados para tener una visión amplia de lo que sucede en el negocio y determinar el rumbo que tomará en el futuro.

Finalmente, la visualización de datos hace más comprensible los resultados de los trabajos analíticos. Al visualizar los datos en diferentes tipos de gráficas y tablas, es mucho más sencillo entender los resultados.

La innovación es ubicua

El valor de la analítica radica en su capacidad de permitir a las organizaciones de todas las industrias innovar y modernizarse en diversas áreas. Es el medio idóneo para explorar posibilidades bastante interesantes.

– La analítica puede seguir el comportamiento de los consumidores en los canales físicos y digitales para relacionarlo con las ofertas que van a captar su atención y satisfacer sus necesidades.

– Big Data puede utilizarse para optimizar la logística. Al considerar varios factores que influyen en la velocidad y confiabilidad de la entrega, como el tráfico y el clima, una logística más inteligente puede ayudar a operar de forma más sostenible.

– La analítica puede brindar protección de datos. Con el reconocimiento avanzado de patrones y correlacionando comportamientos, los riesgos pueden evaluarse mejor. Ayuda también salvaguardar la privacidad de datos personales.

– Las instituciones financieras combinan la analítica con la inteligencia artificial para gestionar riesgos regulatorios y crediticios, la planeación de capital, y la prevención del lavado de dinero.

– En telecomunicaciones ayuda a combatir el fraude, a comunicarse efectivamente con los clientes en canales físicos y digitales, personalizar ofertas y publicidad, así como optimizar y automatizar las operaciones de las redes.

– Con la analítica, de la mano de la inteligencia artificial y el machine learning, los gobiernos están poniendo a trabajar a los datos para mejorar sus resultados para los ciudadanos.

Al dejar atrás los procesos manuales y la utilización de hojas de cálculo, e integrar la analítica a las operaciones y toma de decisiones, se abre un amplio abanico de posibilidades en prácticamente todas las actividades de una organización.

Al mismo tiempo, le permite modernizarse e innovar en un contexto en el que la pandemia aceleró la transformación digital, el trabajo remoto, el comercio electrónico y la adopción a la nube, y en el que no puede darse el lujo de quedarse atrás y poner en riesgo su permanencia en el mercado.

Nota del editor: Héctor Cobo es VP Regional para SAS México, Caribe y Centroamérica, donde su responsabilidad es la supervisión de la región en términos de rentabilidad y crecimiento. Cuenta con más de 20 años de experiencia en el sector de Inteligencia de Negocios y Analítica. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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