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Así se gestó la dimisión de María Gámez: su última mañana en la Guardia Civil

María Gámez acudió ayer a primera hora de la mañana a su oficina en la Dirección General de la Guardia Civil en Madrid. Despachó con algunos de sus colaboradores y todo parecía transcurrir con la relativa normalidad de cada día en un puesto tan delicado como el de la máxima responsable del Instituto Armado. Pasadas las once, todo cambió. Gámez recibió la noticia de que su marido, Juan Carlos Martínez, y su cuñado Manuel habían sido citados como imputados por un juzgado de Sevilla en un procedimiento en el que se investiga lo ocurrido con un centro de negocios montado en Madrid por la Junta de Andalucía durante la etapa socialista.

La investigación judicial rastrea operaciones de la consultora de Martínez por casi 280.000 euros que uno de sus hermanos facturó a empresas de la administración andaluza, de las que era directivo al parecer de forma irregular. La imputación la firmó el instructor la semana pasada, el jueves 16, pero no se notificó hasta ayer.

ABC lidera desde hace semanas la investigación periodística –de hecho sus revelaciones ya habían tenido repercusiones políticas– y Gámez era muy consciente de que la decisión judicial la ponía en el disparadero. Tardó poco en tomar una decisión. Llamó al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y le presentó su dimisión irrevocable. Éste, según explicó por la tarde, se la aceptó a pesar de considerar la situación «injusta». «Pero era necesaria en este momento por los estándares de decencia», añadió.

Marlaska, eso sí, le pidió que esperase a que se terminara de votar la moción de censura para hacer pública su decisión, que sus más estrechos colaboradores comenzaron a conocer al mediodía. A las dos menos cuarto de la tarde, con una celeridad poco habitual, se anunció una declaración institucional de Gámez. Los rumores ya corrían de boca en boca, pero la confirmación de fuentes del Gobierno llegó sobre la una y media de la tarde, cuando incluso trascendió el nombre de la sustituta: Mercedes González, hasta ahora delegada del Gobierno en Madrid.

Gámez compareció con la práctica totalidad de sus máximos colaboradores –salvo dos, que no pudieron, uno de ellos por estar fuera de Madrid– y durante algo más de cuatro minutos leyó, no sin emoción, un comunicado. «Es una decisión difícil, pero la única posible para alcanzar dos objetivos que para mí son irrenunciables», dijo. Y añadió: «Sin entrar en el derecho a la presunción de inocencia que tienen todas las personas, también mi marido, tomo esta decisión por principios, honestidad y responsabilidad. No voy a permitir que nadie aproveche una circunstancia personal para dañar a la Guardia Civil ni al Gobierno de España». «Abandono este cargo –concluyó– satisfecha con lo conseguido y orgullosa con haber puesto mi granito de arena para que la Guardia Civil continúe como una de las instituciones más valoradas, más queridas por los ciudadanos».

Marlaska, consciente de que la dimisión se producía en un contexto difícil para la Guardia Civil, con los casos de corrupción del Tito Berni y Cuarteles en plena ebullición, quiso dar sus propias explicaciones sobre lo ocurrido. Tras asegurar que Gámez había sido «la mejor directora general de la Guardia Civil en sus 175 años de historia», dijo lamentar «profundamente su salida, que es un ejercicio de honestidad y lealtad en la vida pública».

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«Profilaxis democrática»

Aprovechó Marlaska para recordar al resto de fuerzas políticas que esta decisión supone una «profilaxis democrática que practica este Gobierno y se debe extender» a todas ellas. Además, supone un «estándar máximo de pulcritud y decencia democrática». «No hay dudas –añadió– de la honorabilidad de María Gámez; ni antes, ni ahora».

La ya ex directora general debía comparecer la próxima semana en la Comisión de Interior del Congreso para dar explicaciones sobre los mencionados casos de corrupción. Por el primero de ellos está en prisión el general de división retirado Francisco Espinosa y en el segundo se investiga, entre otros mandos, al teniente general Pedro Vázquez Jarava. Serán los diputados quienes decidan finalmente si se mantiene esta comparecencia.

«Es una situación injusta, pero necesaria en este momento por los estándares de decencia», justifica Marlaska

El ministro del Interior desvinculó de forma tajante la dimisión de Gámez de estos asuntos que, según destacó, pertenecían a etapas anteriores, y recordó que en el segundo de ellos, «en 2017, se intentó parar la investigación y fue al llegar nosotros al ministerio cuando se retomó y se dio autoridad a Asuntos Internos» para que llegase hasta el final de los hechos. La propia ex directora general había asegurado hace solo unos días que no estaba dispuesta a que «algunos garbanzos negros enturbien el nombre de la Guardia Civil».

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El cambio de un director general de la Benemérita es siempre delicado, pero más aún cuando se está en el tramo final de la legislatura. El ministro del Interior ha optado por alguien como Mercedes González que, como delegada del Gobierno en Madrid, ha tenido un contacto muy estrecho en los últimos años con las Fuerzas de Seguridad: «Tiene una alta cualificación personal y profesional», aseguró el titular del departamento, quien además puso en valor su experiencia en el puesto anterior.

De confianza del Gobierno

Hay una segunda clave en el nombramiento, de índole política. El Gobierno ha elegido a una persona de su máxima confianza y con experiencia en un cargo institucional, pero que además tiene vínculos directos con el Consejo de Ministros y relación personal con varios miembros del gabinete; en especial, con Félix Bolaños. Por tanto, es una persona del partido.

Mientras, en la Guardia Civil se ha pasado estas semanas del shock por los escándalos en los que están envueltos algunos de sus mandos, a la indignación porque se la utilice en la lucha partidista y ahora, también, a la perplejidad por la dimisión de su directora general por un supuesto caso de corrupción en el que se investiga a su marido y a dos cuñados.

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