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Stravinsky diría: AMLO, Creel y Piña se oyeron, ¿se escucharon? Y Ebrard enfermo

Cualquiera oye, dijo el genial compositor y director de orquesta ruso Igor Stravinsky. Pero no cualquiera escucha. Para apreciar adecuadamente la música se necesita cultura musical y, desde luego, el proceso de adquirirla implica trabajo, capacitación, muchas horas de aprendizaje. Cito a Stravinsky: “Para recibir música tienes que abrir los oídos y esperar la música; debes creer que es algo que necesitas… Escuchar es un esfuerzo; solo oír no tiene ningún mérito”.

Desconozco si Stravinsky habló de lo anterior en ruso o en algún otro idioma —seguramente podía expresarse en francés y en inglés, pero hasta donde entiendo no en castellano, aunque fue amigo de un genio español, Manuel de Falla, y le atraía la cultura argentina, ya que compuso un tango—. El hecho es que el creador de La consagración de la primavera sin duda se refería a las primeras acepciones que registra el Diccionario de la lengua española de escuchar y oír. “Escuchar: prestar atención a lo que se oye”. “Oír: percibir con el oído los sonidos”.

Este 5 de febrero, en el Teatro de la República de Querétaro, teniendo a su lado al anfitrión, el gobernador Mauricio Kuri, sin duda el titular del poder ejecutivo oyó las voces del presidente de la mesa directiva de la cámara baja y de la ministra presidenta de la corte suprema.

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Pero, ¿Andrés Manuel López Obrador escuchó a Santiago Creel Miranda y a Norma Lucía Piña Hernández? La pregunta la hago también al diputado y a la ministra: ¿escucharon, o solo oyeron, al presidente de México?

Ellos y ella dijeron cosas importantes. La ministra Piña defendió la independencia de los jueces y las juezas. El legislador Creel pidió que las diferencias políticas se eliminen mediante el diálogo y no dejar que la última palabra la tengan quienes integran la corte. El presidente López Obrador insistió en que las reformas promovidas por su gobierno han devuelto a la Constitución “toda la grandeza de su humanismo original”.

Tienen razón el presidente de México, la presidenta de la SCJN y el presidente de la mesa directivas de la Cámara de Diputados y Diputadas, pero…:

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Sin duda, como dijo la ministra Piña, los jueces y las juezas deben ser independientes, pero ¿lo son de verdad? ¿Es falso lo que piensa la mayoría de la gente de que en los tribunales la justicia es una mercancía que compra quien más dinero tiene?

Evidentemente, como afirmó el diputado Creel, debe haber diálogo, pero ¿el acuerdo solo es posible cuando la mayoría legislativa coincide con los intereses de los grupos hoy de oposición, pero que estuvieron muchas décadas en el gobierno del que fueron expulsados democráticamente porque la gente se cansó de su gran corrupción?

AMLO no miente, su gobierno ha diseñado y llevado a la práctica no pocas reformas fundamentales, como prohibir la condonación de impuestos, obligar al gobierno a cumplir con la austeridad republicana y eliminar el fuero presidencial, pero ¿qué hacer con las medidas de la administración pública evidentemente equivocadas, como cambiar los libros de texto para acercarlos a una ideología absurdamente comunista o chavista? ¿No valdría la pena una consulta seria sobre ese tema con especialistas de primer orden, que los hay en México? Porque algo tan delicado, como no es constitucional, no llegará a la corte. ¿Es chiste eso de sugerir a los maestros y a las maestras leer a Marx y a Lenin? ¿Por qué no sugerir que también lean a Milton Friedman y los discursos de Ronald Reagan? ¿No sería mejor que las personas dedicadas a la enseñanza seleccionaran ellas mismas sus lecturas? Y no es lo único que presenta problemas en un gobierno sin duda transformador, pero imperfecto.

Norma Piña debe buscar a AMLO para intentar una reforma judicial que refuerce la independencia de jueces y juezas, pero sin corrupción, que la hay en todas las instancias judiciales, con la excepción notable —pero absolutamente insuficiente— de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Y Creel debe reflexionar e invitar a la reflexión a otros liderazgos de oposición acerca de si hacen lo correcto al plantear escenarios de todo o nada en reformas tan importantes como la electoral. ¿En serio el INE no puede trabajar con menos recursos? ¿Tales reformas de verdad son el inicio de una tiranía? ¿Solo con las leyes electorales como están es posible la democracia? ¿Habrá dictadura si las reformas legales no las ve inconstitucionales la corte, que podría no verlas así? El tremendismo quizá tuvo sentido en la literatura, pero en el poder legislativo solo siembra odio en gente que no tiene toda la información, que por desgracia es la mayoría.

En fin, ojalá Norma Piña, Santiago Creel y Andrés Manuel López Obrador empiecen a escucharse porque de nada sirve que se oigan de vez en cuando en ceremonias como la de hoy domingo en Querétaro.

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En el evento de este 5 de febrero solo estuvieron dos corcholatas de Morena, desde luego porque tenían que estar, Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López. No participó Ricardo Monreal porque no le correspondía asistir. Pero Marcelo Ebrard tenía un lugar asegurado, ¿por qué no se presentó? Se supone que el canciller pidió una incapacidad por enfermedad. Si es verdad, seguramente se trata de un malestar serio porque, ni hablar, solo la gravedad extrema aleja a un político de un acto formal tan importante. Pero bueno, no seamos pesimistas: quizá Marcelo no tiene nada y fue solo por estrategia que no acudió alTeatro de la República de Queretaro. Y es que a veces las ausencias se notan más que las presencias. Felicidades a Ebrard si se trató de un plan con maña: fue noticia, al menos a nivel de rumores, por haberse atrevido a desairar al presidente. Y si su enfermedad es real, de todo corazón le deseo que se recupere pronto.

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