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Opinión

Contra la melancolía

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la tercera

«Yo, que he sido una reincidente melancólica y he tenido que luchar contra esos impulsos y sequedades, considero que hoy debemos hacer un vehemente intento contra la melancolía. Contra todas las melancolías: la romántica, la hercúlea y la histórica»

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#Entrelíneas | La era dorada de los jefes jóvenes se acerca

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De acuerdo con las proyecciones demográficas del Banco Mundial, en siete años ocurrirá, por primera vez, un cruce en el cual habrá más empresas dirigidas por jefes de 35 años y menores. Para 2030, todos los Baby Boomers contarán con la edad de jubilación de 65 años, mientras que la Generación X tendrá 55 años o más, y eso vendrá a alborotar las culturas organizacionales.

Así, si bien ya hay jóvenes capitanes de barcos, para entonces arrancará la era dorada de los jefes jóvenes, formados con una cultura 100% digital y tecnológica, algunos en startups, pero todos tendrán responsabilidad sobre un alto número de empleados con intereses y mentalidades absolutamente diferentes.

La reconfiguración en la cultura del trabajo está a la vuelta de la esquina y ello determinará escenarios de todo tipo: por un lado, quienes son parte de la Generación X, ante las expectativas de vida, no se retirarán a los 65 años y por lo tanto pasarán su última etapa laboral con un jefe mucho menor a ellos; por otro lado, los Centennials serán el elemento de presión de los Millennials, quienes tendrán el enorme reto de liderar en climas de trabajo multigeneracionales.

“Hay muchas dimensiones del cambio. Esta generación se prepara en modelos just in time, no tienen la experiencia pero saben que hay un contenido, un recurso, una persona que les puede ayudar a resolver lo que no saben, y entonces la diferencia con la gerencia tradicional está en los modelos de agilidad, exploración, digitalización, conexión con otras redes”, sostiene Fernando Valenzuela, líder de Impacto Global de EdTech Alliance.

“Los Millennials ya están tomando posiciones de liderazgo y, de la mano de la Generación X, tienen que hacer que las cosas funcionen. El reto es cómo las dos partes colaboran juntos, rompen paradigmas, pueden a través de la diversidad de pensamiento lograr extraordinarios resultados. La diversidad y la inclusión te llevan a la innovación, y ésta a tener mejores resultados”, dice Martha Barroso, directora de People & Culture de Manpowergroup Latam.

Los años maravillosos de los jefes millennials implicarán muchísimos ajustes. Los departamentos de Recursos Humanos deberán repensar los planes de sucesión en los que la experiencia ha sido un elemento clave. Es muy posible, también, que ocurra una cascada de renuncias de quienes no puedan tolerar la gestión de alguien que, bajo su mirada, no tiene la menor idea de lo que está haciendo.

“Hay varias intervenciones para aceptar este cambio y propiciar que tenga éxito. Una de las primeras es precisamente la colaboración multigeneracional. Lo que tienes que asegurar es que desde épocas muy tempranas empieces a conformar en las escuelas y en las empresas a equipos conformados por diversidad de generaciones, de género, de perspectiva”, añade Fernando Valenzuela.

El ‘factor edad’ será una piedra en la transición. Los líderes consagrados piensan que sus pares jóvenes están llenos de sí mismos, mientras que los segundos aseguran que los primeros no escuchan y solo ordenan. Pero gran parte del malentendido se trata de los procesos que unos y otros tienen para trabajar y no necesariamente sobre los resultados que obtienen. No es la edad de un líder lo que hace que se confíe o no en él, sino sus acciones.

Y también hay otra cosa, muy natural, que vale la pena tener clara para no amargarse más: el pasado tiene una nostalgia que el futuro nunca tendrá.

Después viene otra piedra: la aceptación al cambio. Una de las competencias más difíciles de desarrollar es la adaptación a lo desconocido. El desafío es para la Generación X y está en desarrollar la capacidad de aceptar que un gerente con menos experiencia sea su jefe. Por lo tanto, si no se abraza el cambio, los jóvenes líderes encontrarán a alguien que haga lo que se necesita.

Sin duda no se trata de llegar a esos extremos y el papel de los líderes jóvenes será fundamental para no dejar heridos en el cambio generacional del liderazgo. En ciertos casos, el jefe siempre tendrá que tomar la decisión en función incluso de su propia intuición, pero al mismo tiempo deberá influir y motivar a su equipo para lograr una meta común. Sí, ser un mánager pero también un coach.

“Los jefes jóvenes tienen el reto de influir y convencer sobre el camino a seguir. Deben tener las reglas y los objetivos muy claros. También, no es que tengan que ganarse el respeto pero sí tienen que ser un ‘role model’. En esa medida, un líder joven será aceptado, escuchado y sobre todo seguido”, afirma Martha Barroso.

Además, los expertos en el arte de manejar equipos les recomiendan alimentar la inteligencia emocional, no quedarse en el escritorio tomando decisiones, construir en equipo la estrategia y siempre estar dispuestos a recibir feed back.

Hay otros atributos por adquirir: alentar a otros en su viaje de aprendizaje y no tener miedo de darles la oportunidad de brillar y tomar riesgos; inspirar al equipo para que se entusiasme con los objetivos de la empresa, lo que les permitirá liderar atrayendo y no empujando; no permitir que el ego se interponga en la toma de una decisión; capacitar desde ya a los futuros líderes.

Todos, de alguna manera, tenemos algún grado de participación en esto. Los mayores de edad, lejos de pensar que caerán en una crisis existencial, deben abrirse a la oportunidad de cambio y así proponer y contribuir a través de su experiencia en el logro de los resultados. En tanto, los jóvenes podrían darle la bienvenida al conocimiento y la inteligencia, independientemente de la generación, para tallar con buena madera los liderazgos del futuro.

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Los jefes millennials podrían adquirir los mismos (malos) rasgos de sus antecesores: trabajar muchas horas, con altas exigencias y con la dificultad para encontrar tiempo para la recuperación y la vida privada. Además, corren con otros riesgos: dejarse capturar durante su desempeño por una permanente contradicción entre mantener lo tradicional y abrir paso al cambio, detonar la innovación o estancarse en procesos, liderar con emoción o desesperación.

Nota del editor: Jonathán Torres es socio director de BeGood, Atelier de Reputación y Storydoing; periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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#LetrasNetas | Windsor-Detroit-Saltillo

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“Conforme a su resolución, el panel determinó que el T-MEC permite a los fabricantes de vehículos considerar a las partes esenciales de un vehículo terminado (motor, transmisión, carrocería, etc.) como originarias, una vez que, por separado, dichas autopartes hayan cumplido con el porcentaje mínimo de contenido regional (75%), usando las metodologías alternativas que el mismo tratado establece”, señaló el reporte sobre este triunfo comercial de la Secretaría de Economía.

Esta fue una estrategia iniciada por Tatiana Clouthier cuando estaba al frente de esta cartera y su análisis incluía el hecho de que México importa de países fuera de América del Norte muchos de los insumos y partes que ensambla para después exportar a Estados Unidos, ya sea tanto de vehículos como de autopartes.

El T-MEC exigía que, para no pagar aranceles, el 75% de la producción de automotores en México tuviera componentes producidos en la región de Norteamérica, un incremento desde el 62.5% que exigía el tratado previo (TLCAN). Su nueva versión pedía también que entre el 40 y el 45% de esta producción debe ser fabricada por operarios con sueldos no por debajo de los 16 dólares por hora.

En promedio, un vehículo requiere 4,000 piezas, muchas regionales y muchas importadas. Con la firma del T-MEC en 2018, el gobierno aceptó que el 75% de las partes esenciales de un vehículo fueran producidas en México, Estados Unidos o Canadá. Con el TLCAN, si una pieza tenía un contenido regional del 75% o más, se redondeaba al 100%. Pero para Estados Unidos el porcentaje debía ser exacto, sin redondeo.

Esto afectaba a la industria mexicana y a la canadiense, ya que gran parte de las armadoras no alcanzaban el porcentaje mínimo regional requerido y, con ello, perdían el beneficio del T-MEC, teniendo que pagar un arancel del 2.5% al exportar a Estados Unidos. México pidió en enero de 2021 un panel de expertos para analizar, caso por caso, la interpretación de esta fórmula de porcentajes de componentes, un reclamo al que se unió Canadá.

¿Qué ganamos? Un incremento en la producción de autopartes, correspondiente a los fabricantes ya instalados en México, derivado de la sustitución de importaciones de terceros países, y atracción de inversión extranjera directa para el sector. Esto es muy valioso para una industria que nos convirtió en el quinto exportador mundial de vehículos y el séptimo fabricante mundial.

En la cumbre, Biden impulsó un discurso muy cooperativo, de crear, de una vez por todas, no solo una zona de libre comercio, sino un bloque de integración comercial, impulsor de cadenas de valor interfronterizas para sustituir importaciones y, ante todo, dejar de depender de manera tan protagónica de China. Esto aplica de manera central en el caso de Estados Unidos a su plan de desarrollo de cadenas de valor para la fabricación de microprocesadores (de los que es altamente dependiente de Asia).

Trudeau habló de un corredor automotriz y ya no de hubs aislados, una matriz de manufactura que conecta los tres grandes polos automotrices de cada país: Windsor, en Ontario; Chicago, en Illinois, y Saltillo, en Coahuila.

Con esto se deja claro que la globalización va pasando de moda y que la regionalización es el nombre del juego, una oportunidad sobre todo para nuestro país.

Nota del editor: Bárbara Anderson es editora, columnista y speaker de negocios y finanzas. Activista de los derechos de personas con discapacidad; dirige yotambien.mx, un sitio de noticias sobre inclusión. Síguela en Twitter como @ba_anderson Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

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Recursos Humanos demanda cada vez más tecnología en su estrategia

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A través del uso de dichas herramientas, así como de los datos que proporcionan, están ante la oportunidad de convertirse en verdaderos socios del negocio en las empresas para las que trabajan.

Es un hecho que los líderes de esta área están siendo cada vez más retados a movilizar y gestionar el talento para contribuir al crecimiento de sus organizaciones. En la misma situación y camino que las otras unidades del negocio, la de Recursos Humanos demanda cada vez más tecnología como un factor determinante que se suma a la estrategia, a un modelo operativo ágil, a las estrategias de desempeño, al talento y una mejor experiencia del colaborador para ser una unidad exitosa dentro de la empresa.

Hoy en día, la aplicación de la tecnología en los Recursos Humanos tiene un impacto en la manera de reclutar y contratar empleados, en el almacenamiento de su información, en la gestión y monitoreo de su bienestar y en el cómo analizar su rendimiento de una manera más eficiente.

Y la inversión en tecnología aplicada a Recursos Humanos no se discute. La disminución de los costos operativos y administrativos está ahí.

La gestión del capital humano en las organizaciones inicia desde el proceso de la búsqueda de candidatos. Una herramienta tecnológica que realice una sencilla, rápida y eficiente selección de postulantes siempre ayudará no solo a generar un mayor nivel de bienestar, sino también a prevenir problemas y anticipar necesidades con resultados de productividad para las empresas. Al final, esto es lo que se traduce en una reducción de costos operativos y administrativos.

Además, los colaboradores son un factor primordial para conseguir la diferenciación de la organización de la que forman parte, así como del éxito en su modelo de negocio.

Entonces, ya sea para el proceso de reclutamiento, selección, capacitación, monitoreo del bienestar, entre otros, o para todo en un solo conjunto, ¿por qué no invertir en tecnología para Recursos Humanos, así como se hace para cualquier otra unidad de negocio de la empresa?

La empresa que apuesta por la tecnología también lo hace por su futuro. Todavía podemos considerar que digitalizar a nuestra organización es una ventaja estratégica. Esa considerada ventaja pronto dejará de existir; organización que entre sus planes estratégicos no tenga contemplada la digitalización podría estar destinada a rezagarse en el sector que se desempeña. Y así como las unidades de producción, de finanzas, de logística, entre otras, la de recursos humanos no se debe de quedar atrás. A ti, encargado de la gestión del capital humano, te pregunto, ¿en qué etapa de la digitalización se encuentra el área en el que te desempeñas? Si es el caso, la tecnología que ya están aplicando, ¿es la indicada?

Buscar herramientas adecuadas para el tamaño de cada organización puede ser algo laborioso, pero no complicado, pero para enfrentar los restos actuales es algo fundamental para todas las empresas sin importar su tamaño, la oferta existe para todo tipo de organizaciones, solo es cuestión de darle una oportunidad.

Nota del editor: Fernanda Zenizo es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad del Valle de México. Actualmente se desempeña como Directora General de Intelab. Actualmente es Vicepresidente de Gestión de Comités Técnicos en el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

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Hacia un liderazgo con dimensión humana

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El énfasis en maximizar la producción en favor de incrementar las ganancias también se tradujo en una suerte de obsesión por los resultados sin miramientos que, en muchas industrias, desembocó a la par en deshumanizar el trabajo, reduciendo a los operarios a meras piezas dentro del engranaje de funcionamiento de las organizaciones.

Así, en el contexto hipercapitalista, los trabajadores son elementos desechables. Infortunadamente todavía hay empresas que no ven a sus colaboradores como personas, sino como insumos para generar utilidades.

El problema, más allá de consideraciones éticas, es que se trata de una visión sumamente limitada que a mediano y largo plazo demuestra ser contraproducente.

Claro está, las empresas se integran por personas con responsabilidades asignadas y posiciones definidas en la dinámica organizacional. Cada colaborador dispone de una formación específica con perfiles distintos que deberían ser complementarios en atención a los objetivos que se plantean.

Idealmente, el líder o gerente conoce las habilidades, fortalezas y áreas de oportunidad de cada uno de los miembros de su equipo de trabajo. En el mismo sentido, quien ocupa una posición de mando asume la responsabilidad de identificar lo que motiva e inspira a sus colaboradores.

Cuando no es así, predomina una desconexión en cuanto a la dimensión humana se refiere, entorpeciendo el óptimo funcionamiento del área o departamento en cuestión. El auténtico líder establece vínculos con los trabajadores de la organización, convirtiéndose en un mentor e impulsor del talento humano.

Deshumanizar la interacción entre el líder y su equipo de trabajo implica romper la apertura en los procesos de comunicación y retroalimentación, además de imponer una cultura del miedo, en detrimento del ambiente de confianza que debiera ser la norma en grupos de trabajo de alto desempeño.

Exigir resultados sin tomar en cuenta la dimensión humana de los colaboradores (familia, salud, aspiraciones legítimas, etc.) genera un desgaste tremendo, incluido el tan temido burnout que suele desembocar en elevada rotación de personal.

Desde luego, esto acaba siendo costoso para la empresa. En cambio, cuando los trabajadores sienten que se toman en cuenta sus necesidades y se valoran sus aportaciones, el resultado es diametralmente distinto.

Políticas corporativas como apoyos de licencia remunerada por maternidad (y paternidad), incentivos económicos para estudiar diplomados y posgrados, así como bonos por buen desempeño laboral, son altamente rentables para las empresas.

Las organizaciones que cuentan con espacios laborales considerados como humanos y empáticos tienen mayores posibilidades de captar a los mejores talentos y perfiles profesionales del mercado.

La premisa es obvia: un colaborador contento con la empresa en la que trabaja da lo mejor de sí; mientras que un empleado inconforme, se limitará a hacer el mínimo esfuerzo mientras encuentra una mejor opción laboral.

Sin duda, el mundo profesional está cambiando. Las empresas se preocupan cada vez más por desarrollar espacios en los que sus empleados se sientan realizados y con la oportunidad de contribuir de acuerdo con ciertos márgenes de libertad y responsabilidad.

Aquellas organizaciones que no se adapten a esta transformación paradigmática, correrán el riesgo de quedar rezagadas en un mercado altamente competido.

Apostar por la dimensión humana será la tarea de los liderazgos emergentes en un contexto dinámico que demanda una nueva visión organizacional, donde impere un equilibrio entre productividad y bienestar.

La empresa del siglo XXI está llamada a tener una cara mucho más humana. Seguramente, esto se reflejará en un desarrollo sostenible en sentido amplio, que incentive la innovación y el progreso en las sociedades.

Nota del editor: José Guillermo Fournier Ramos es docente en la Universidad Anáhuac Mayab. Vicepresidente de Masters A.C., asociación civil promotora de la comunicación efectiva y el liderazgo social. También es asesor en comunicación e imagen, analista y doctorando en Gobierno. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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La razón de los rumores

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El factor común en estos y otros rumores en el gobierno ha sido la falta de información oportuna por parte de las respectivas dependencias gubernamentales. Entre un hecho y la explicación del mismo pasan varios días, lo que origina un vacío de comunicación que es llenado con rumores que tienden a crecer mientras más tiempo pasa.

En el caso del fiscal, un reconocido columnista publicó el 20 de enero que había sido operado de la columna y que desde hace tiempo padece cáncer de páncreas. Los dos días subsecuentes se empezaron a publicar en las redes sociales todo tipo de comentarios sobre su salud (incluido el que había fallecido) y hasta el tercer día AMLO informó de forma escueta que el fiscal fue intervenido en la columna “una infiltración, vamos a decir”, expresó.

En el caso del propio presidente, en enero de 2021, hubo rumores debido a su ausencia tanto de su conferencia diaria como de sus redes sociales; luego de varios días expresó en un video que aún tenía COVID y que estaba bien. “Ahora me presento con ustedes para que no haya rumores, malos entendidos..”, dijo el mandatario. En 2022, los rumores de que estaba mal de salud surgieron luego de la ceremonia del Grito el 15 de septiembre, hasta que cuatro días después desmintió las versiones y manifestó que se encontraba “bien y de buenas”.

El Doctor Ralph L. Rosnow, Profesor Emérito de Comunicación en la Universidad de Bolton, Reino Unido, expresa que los rumores se originan en función de tres factores: incertidumbre, credibilidad del rumor y la ansiedad. Es decir: Los rumores emergen por una carencia de certeza sobre determinada situación; su retransmisión es una manera de validar ciertas emociones y actitudes que generan credibilidad en el rumor; y los individuos de alta ansiedad que creen en el rumor, lo retransmiten y lo incrementan con más datos infundados.

En el rumor hay muchas veces un poco de verdad revestida de ambigüedad, ya sea por la ausencia o parquedad de la información o porque ésta se saca de contexto y se inserta en un mensaje que genera lo mismo credibilidad y certeza que incredulidad y desconfianza.

El rumor se empieza a creer porque se frasea de forma interesante y seductora, aunque ambigua y sin aportar una fuente de información fidedigna. Su transmisión es viral y exponencial por lo que, cuanto más se difunde más se cree, y mientras más se cree se magnifica su impacto. En ello también tiene mucho que ver la calidad y prestigio de quienes contribuyen a la dispersión del rumor, especialmente aquellos que generalmente son considerados como fuente confiable por sus opiniones o por sus propios antecedentes profesionales.

El rumor es un proceso de comunicación que se da prácticamente en cualquier sociedad y que afecta lo mismo a corporaciones que a gobiernos o individuos. En el caso de una empresa en el sector financiero, por ejemplo, un rumor en cuestión de segundos puede derrumbar o subir desmedidamente una acción bursátil, causando efectos adversos en el mercado y/o en la empresa emisora, ya que las Bolsas de valores son sensibles a desencadenantes psicológicos, además de que siempre hay interesados en ganar a costa de hacer perder a otros.

En el ámbito de las relaciones públicas el rumor está presente con frecuencia, ya sea para evitarlo, frenarlo, controlarlo o, inclusive, generarlo, siempre con la mente puesta en el beneficio a un cierto interés. Creo que todos alguna vez hemos creído o hecho eco de algún rumor ante carencias o ambigüedades informativas, especialmente de carácter financiero, empresarial o político.

La labor entonces para una agencia de relaciones públicas es cubrir, a la brevedad, la carencia de información del cliente a fin de evitar que ese vacío se llene a base de rumores infundados que pueden afectar su imagen y reputación.

En los casos de los rumores en el gobierno vale la pena preguntar: ¿En dónde están los asesores de comunicación de las diferentes dependencias? ¿Por qué esperar días para precisar información y disminuir las posibilidades de rumores? ¿Informar sobre una enfermedad es mostrar debilidad?

Nota del editor: Mario Maraboto Moreno es Licenciado en Periodismo por la UNAM. Investigador Asociado en la Universidad de Carolina del Norte. Autor del libro “Periodismo y Negocios. Cómo vincular empresas con periodistas”. Consultor en Comunicación, Relaciones Públicas y situaciones especiales/crisis desde 1991. Escríbele a su correo mmarabotom@gmail.com y síguelo en Twitter . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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‘Ignorantia iuris’

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Luis del Val

Quisiera mostrar mi agradecimiento más profundo al magistrado, ilustrísimo señor don Francisco Miralles Carrió, por haberme quitado un gran peso de encima, al estimar que las conductas de los ciudadanos no tienen por qué atenerse al principio de ‘ignorantia iuris non excusat’ o ‘ignorantia legis …

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Internacional

La hora de la verdad

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En un artículo que leí hace poco en el Miami Herald, Andrés Oppenheimer dice exactamente la verdad sobre el caso peruano. Y pone al descubierto la pequeña conspiración de los presidentes elegidos de México, Argentina, Bolivia, Chile, Honduras y Colombia para producir un golpe de Estado que pondría fin a la democracia peruana. Claro que Cuba, Venezuela y Nicaragua participan de esta conspiración, pero no son “democráticas”, sobre todo Cuba, que no permite elecciones libres en la isla hace más de 60 años. De modo que las tres no pueden figurar en esta estadística.

¿Cuál es la verdad sobre el caso peruano? Muy sencilla. El presidente elegido por los peruanos, Pedro Castillo, pronunció un “discurso” el 7 de diciembre, utilizando el circuito nacional de radio y televisión, pretendiendo dar un golpe de Estado, calcado del que dio Alberto Fujimori hace 30 años. En ese discurso, que escucharon millones de peruanos, el jefe del Estado dijo, entonces, que expulsaba a todos los parlamentarios y anunciaba unas futuras elecciones para reemplazar al Congreso con una Asamblea parlamentaria, algo que las leyes peruanas consideran anormal e ilegal. También declaró en “reorganización” la Fiscalía y el poder judicial (es decir, los disolvió). El Congreso, reunido rápidamente, destituyó al presidente y su guardia de honor lo entregó inmediatamente después a la policía, en vez de llevarlo a la Embajada de México, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador le había ofrecido asilo. Desde entonces, Pedro Castillo está preso por orden judicial, esperando ser juzgado, por el delito de haber intentado dar un golpe de Estado, algo a lo que los militares peruanos se opusieron, de acuerdo a la Constitución y a las leyes, y se mantuvieron dentro de la legalidad. Los parlamentarios nombraron, para reemplazar al presidente, a la vicepresidenta, Dina Boluarte, miembro del mismo partido del presidente Castillo, que se ha declarado “marxista leninista” en varias ocasiones. Ella ha ofrecido celebrar unas elecciones en el plazo de un año y el Congreso ya ha aprobado el adelanto en primera instancia, algo que es perfectamente constitucional. De modo que los peruanos tendrán un nuevo jefe de Estado electo dentro de poco más de 12 meses, de acuerdo con las leyes.

Aquí comienzan los “presidentes elegidos” de naciones vecinas, es decir, México, Argentina, Colombia, Chile, Bolivia y Honduras, a mostrar sus garras. Según ellos, el presidente Castillo no intentó dar un golpe de Estado y está preso por culpa de los partidos “derechistas” que habrían armado toda “esa conspiración”. ¿De dónde sacan esta historia absurda y desatinada esos presidentes? No se sabe de dónde pero ahí está la acusación, nacida por lo visto, del mandatario mexicano, López Obrador, que se ha llevado a la familia de Castillo a su país y que repite sin cesar semejante calumnia. Y es lamentable que varios países lo imiten en esta inventada teoría, según la cual el presidente Castillo sería víctima de una maquinación de la derecha peruana.

Esta misma fantasía ha prendido entre ciertos grupos de la extrema izquierda peruana que, atacando ciudades y aeropuertos, han quemado vivo a un policía y han provocado enfrentamientos con las fuerzas del orden que han dejado un saldo de casi 60 muertos entre los peruanos. La presidenta Dina Boluarte ha asegurado que el poder judicial examinará todas estas muertes, para implicar a los responsables, en tanto que la opinión pública ha exigido que esta investigación se lleve a cabo por el poder judicial cuanto antes. La presidenta, por lo pronto, desconcertada con las declaraciones de sus antiguos compañeros, debe haberse desprendido ya de sus definiciones ideológicas.

Es estúpido decir que la derecha ha llevado a cabo toda esta pantomima para acabar con Pedro Castillo. Todos los peruanos oyeron ese discurso en el que Castillo se arrogaba poderes extraordinarios y enviaba a los parlamentarios, a los fiscales y a los jueces a sus casas. Lo único que no le salió bien es que los militares no lo apoyaron, y que su guardia de honor, en vez de llevarlo a la Embajada de México, lo entregó a la policía. Esta es más o menos la tesis que, luego de una minuciosa investigación, Andrés Oppenheimer revela en el Miami Herald, y la que varios millones de peruanos suscribirían sin objeciones. Habrá elecciones dentro de un año y los peruanos tendrán un nuevo presidente según las leyes y la Constitución, a las que el Ejército ha respetado, creo que por primera vez en nuestra historia.

¿De dónde nace la fantasía delirante que Pedro Castillo ha sido “secuestrado” por la derecha? Enfurecido, López Obrador, el mandatario mexicano, nadie sabe por qué, ha inventado junto con el de Colombia toda esta patraña que el pueblo peruano y su Gobierno han rechazado con la máxima energía. Bien haría el señor López Obrador de ocuparse de los problemas de México, donde los asesinatos se repiten cada día.

Los peruanos lamentan que el joven mandatario chileno, Gabriel Boric, se haya prestado a esta farsa y haya apoyado las acusaciones ridículas de López Obrador, de que la caída de Pedro Castillo es una operación “de la derecha peruana”. Él había sido muy prudente hasta ahora y se había mantenido en el respeto de una estricta legalidad. En tanto que el colombiano Gustavo Petro puede decir las mentiras que sabemos, Boric se había mantenido en una estricta discreción que ahora ha roto. ¿Qué lo ha hecho cambiar de opinión? Es un acto lamentable, que el pueblo peruano no olvidará.

La verdad es que la caída del presidente Pedro Castillo no la van a llorar muchos peruanos. Desde su elección, las metidas de pata de este personaje que ignoraba las cosas más elementales del Perú habían provocado la indignación y la cólera de distintos sectores. Entre otras barbaridades, pretendía acabar con la minería para resaltar la ecología nacional. El pobre ignoraba que si algún día el Perú conquista la eficiencia y figura entre los países prósperos de este mundo, ello se deberá a la minería. Esto da más o menos una idea de las cualidades intelectuales del personaje que, en una conflictiva decisión, eligieron los peruanos para ponerlo a la cabeza del Estado. Su impopularidad había llegado al 70%, más o menos, de la población peruana, y esas cifras espeluznantes, estaban todavía por aumentar. La tentativa golpista de Castillo ha puesto final a la muy desatinada elección que lo llevó al Palacio de Gobierno. Por eso, creo firmemente que no basta que haya unas “elecciones libres” en los países del tercer mundo, sino que los llamados a votar, lo hagan bien, es decir, en favor de la democracia y del progreso, porque si votan mal, a favor de un dictador, por ejemplo, que se llena los bolsillos y no trabaja por elevar los niveles de la sociedad, la situación empeorará, lo que significan cientos o miles de familias abandonadas. Esperemos que en estas próximas elecciones los peruanos voten mejor que la última vez.

El problema no es peruano, sino de toda América Latina. Y del tercer mundo en general. Lo sorprendente es que en esta época, los países pueden elegir ser pobres o ser prósperos. Por eso, es imprescindible que los países del tercer mundo abandonen las fantasías socialistas. ¿En qué parte ha triunfado el socialismo? En América Latina hemos visto el caso de Venezuela, que no puede ser más dramático. ¿No es verdaderamente patético el caso de Cuba? Hace 60 años yo fui uno de los entusiastas con la Revolución Cubana. Desde entonces, ella ha ido empeorando y millones de cubanos andan ahora por el mundo, buscando trabajo y tratando de organizar unas vidas para las que no hay ni ocupación ni superación en su propio país. ¿No es triste esto? Ojalá la próxima vez que voten, tengan esto en cuenta los latinoamericanos.

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La gente

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Antonio Burgos

Vaya cuatro mesecitos que nos esperan, de aquí al 28 de mayo. Y luego, salga lo que salga ese día, hasta diciembre más de lo mismo. Invento netamente español: la campaña electoral continua. Hemos logrado, tras grandes esfuerzos, que siempre estemos en vísperas de elecciones. …

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Radiografía del centro-derecha

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editorial

La Intermunicipal del PP fue ayer la reivindicación del voto útil en un espectro, el del centro-derecha, que se había anulado a sí mismo y fragmentado en los últimos años

Editorial ABC

La fotografía que ayer protagonizaron el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y sus antecesores José María Aznar y Mariano Rajoy representa algo más que el simbolismo de un reencuentro, o la reedición de una imagen que hace mucho no se producía por las serias discrepancias internas en ese partido durante la última década. Por eso tiene valor esta expresión de reunificación en torno al actual liderazgo de Núñez Feijóo a menos de cuatro meses para las elecciones municipales y autonómicas, y en año de comicios generales. La imagen tiene mucho de reconciliación emocional para tratar de cerrar las heridas que han permanecido abiertas largo tiempo, pero también tiene mucho de mensaje político cuando el PP recupera públicamente la figura de Aznar, porque es precisamente quien inició el viaje del partido hacia el centro político a mediados de los años noventa tras la salida de Manuel Fraga. De igual modo, Rajoy, pese a haber tenido diferencias sustanciales con Aznar y haber desatendido la esfera más ideológica del partido, promoviendo por encima de todo criterios de gestión y tecnocracia, representó siempre un mensaje de moderación. Esa es la idea que quiere transmitir Núñez Feijóo, y de ahí el valor interno que supone para el PP la cita de la Intermunicipal de ayer como punto de partida para esta larga precampaña.

En este contexto, la Intermunicipal es también una reivindicación pública del voto útil en un espectro, el del centro-derecha, que Núñez Feijóo quiere consolidar, y que se había anulado a sí mismo en los últimos años, fragmentado en tres partidos que se arrebataban escaños unos a otros, y que en virtud de la ley D’Hondt se han perjudicado mutuamente, favoreciendo a la izquierda. Hoy el escenario parece ser otro muy diferente al de las elecciones generales de 2019, con el suicidio político en que está incurriendo Ciudadanos. Hace ya más de un año que la inmensa parte de sus votantes decidieron inclinarse por el PP. Muchos de ellos se habían fugado precisamente de ese partido, atraídos por una opción liberal fiable, centrista, abiertamente constitucionalista, y nacida bajo la bandera de una atractiva regeneración política. Sin embargo, sus fallos han sido determinantes, y desde que Albert Rivera renunció a todos sus cargos por el fracaso electoral de 2019 –quedó solo en sus actuales diez escaños–, no ha levantado cabeza con Inés Arrimadas.

Sus peculiares primarias de días atrás, en medio de una fuga incesante de dirigentes hacia el PP, solo demuestran que el acta de defunción del partido se acerca de modo acelerado. En los tres últimos comicios celebrados no obtuvieron un solo escaño autonómico en Madrid, solo lograron uno en Castilla y León, y desaparecieron del mapa en Andalucía. Hoy parece ser el PP el partido que, según los sondeos, recoge el voto huérfano de Ciudadanos, pero también Vox y el PSOE optan a atraer a sus votantes descontentos. De ahí la mimetización con el voto moderado que, en las formas y en el fondo, está planteando estratégicamente el PP fagocitando a Ciudadanos y desmarcándose de Vox. Es la apuesta de Núñez Feijóo para tratar de recuperar autonomías y ayuntamientos como paso previo al plebiscito sobre Sánchez que serán las generales a final de año. Si a efectos electorales la variable de Ciudadanos desapareciese definitivamente de la ecuación del centro-derecha, el sistema electoral proporcional que rige en España premiará al PP en detrimento del PSOE en muchas provincias. En eso radica la lucha por el centro, donde el PP parece estar ganando ya todo el espacio real a Ciudadanos.


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