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Cultura

La curva de la semana: sube Marilyn, baja la Documenta, vuelven los institutos de los noventa

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Hace meses que las redes afilan sus críticas contra los nepo kids. Es decir, los hijos de de toda la vida, favorecidos por las inoxidables leyes del nepotismo, que nunca habrían tenido las mismas carreras sin sus ilustres patronímicos. La música no está a salvo del fenómeno. Maya Hawke, infalible suma genética de dos de las mayores bellezas que dio el final del siglo XX —Ethan Hawke y Uma Thurman—, edita Moss, un disco de folk agradablemente inofensivo, en la estela de la última Taylor Swift. Pero la sorpresa la ha dado Noah Cyrus, hermanísima de Miley, con The Hardest Part, inscrito en un country-pop delicado y desgarrador, que contiene un dúo junto a Ben Gibbard (Death Cab for Cutie). Menos suerte tiene Julian Lennon con su primer disco en 11 años, que ha tenido la ocurrencia de titular Jude, como si le resbalaran las comparaciones con su progenitor. “Es una pálida imitación de su padre”, sentenció The Observer. Se lo habrá buscado.

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Cultura

AMLO disfrutó del partido México junto a Tenoch Huerta quien aprovechó para hablar de cultura

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El presidente Andrés Manuel López Obrador envió mensajes de ánimo a la Selección Mexicana de Futbol, que este día perdió por dos goles frente a la selección de Argentina en su segundo partido en el Mundial en Qatar.

El mandatario compartió en redes sociales que vio el juego junto al actor Tenoch Huerta en Palacio Nacional.

Por si te lo perdiste: Con lucha libre, padre organiza fiesta de revelación de género de su próximo bebé; video se viraliza en TikTok

“Ánimo. Todavía tenemos oportunidad y ‘esto no se acaba hasta que se acaba’”, expresó.

Recordó que este domingo celebrará con el pueblo de México el aniversario cuatro de la Cuarta Transformación. El festejo consistirá en una marcha en el Ángel de la Independencia a las 9 horas y concluirá en el Zócalo con una asamblea multitudinaria en la que dará a conocer avances, logros y resultados del gobierno federal.

Además de esto el actor de Wakanda Forever aprovechó para hablar sobre el tema de cultura con el presidente. De igual manera sobre el antiracismo, lucha que ha seguido a lo largo de su vida.

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Por si te lo perdiste: Guillermo del Toro se ofrece para rescatar los Premios Ariel

LDAV

<a href="https://www.24-horas.mx/2022/11/26/amlo-disfruto-del-partido-mexico-junto-a-tenoch-huerta-quien-aprovecho-para-hablar-de-cultura/">Fuente</a>
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Cultura

Nona Fernández: “En Chile intentan que conciliemos el sueño otra vez”

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Existen varias Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971): la actriz, la guionista, la activista feminista. En 2013, la también autora de títulos como Chilean Electric y Voyager publicó Space Invaders, nouvelle sobre los recuerdos de la dictadura que se reedita en España en Minúscula.

Casi una década después de la publicación de Space Invaders, ¿cambiaría algo si volviera a escribir ese libro? Me gustan estos marcianos tal como decidieron aterrizar en la Tierra. No les daría ninguna nueva instrucción.

Space invaders habla del sueño de la memoria, ¿despertó finalmente Chile de su letargo? Me gustaría responder que sí, que la revuelta que vivió mi país fue un gran despertar, una vuelta a la vida. Y probablemente lo fue. Pero la reacción a eso fue una inyección de tranquilizante a la vena. Ahí nos tienen ahora, intentando que conciliemos el sueño otra vez para seguir por el mismo camino de siempre.

Patti Smith dijo que se “enamoró” de su libro. ¿Cuál ha sido el mejor elogio que ha escuchado de él? ¿Podría tener un mejor elogio que el de Patti?

En la sala Beckett participa en un programa de residencias como actriz. ¿En qué punto se cruzan sus facetas de actriz y escritora? En mi cuerpo, en mi cabeza y en mi deseo.

¿Cuándo supo que se dedicaría a la interpretación? Cuando vi la primera obra, en el Teatro Nacional de Chile, a los 10 años. Mama Rosa, de Fernando Debesa.

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¿Qué libro la convirtió en lectora? Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. Y Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.

¿Y en escritora? La amortajada, de María Luisa Bombal.

¿Qué libros, películas, obras… recomendaría para entender Chile hoy? Las novelas El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso y Mano de obra, de Diamela Eltit. Los poemarios Paseo Ahumada, de Enrique Lihn; La bandera de Chile, de Elvira Hernández. La obra El pueblo del mal amor, de Juan Radrigán. Todos los documentales de Patricio Guzmán. Todas las películas de Raúl Ruiz. Todas las crónicas de Pedro Lemebel.

¿Qué libro tiene abierto en la mesilla de noche? Panza de burro, de Andrea Abreu, que me lo han recomendado tanto que ya anoche lo abrí.

¿Cuál es la película que más veces ha visto? El espejo, de Tarkovsky. Y Underground, de Kusturica.

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¿La última serie que vio del tirón? Me repetí de un tirón Life on Mars, de la BBC.

¿Qué canción usaría como autorretrato? My favorite things en cualquiera de sus versiones. De Julie Andrews a John Coltrane.

¿Cuál es el suceso histórico que más admira? El viaje espacial de Yuri Gagarin en la Vostok 1.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? Las redes sociales.

De no haber sido actriz y escritora sería… Cosmonauta.

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Nona Fernández: “En Chile no hemos salido del espacio fatal de la dictadura”

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Esta mujer, escritora, actriz, guionista, tiene 49 años, casi tantos como desde que se desató la esperanza en su país, Chile, con la llegada al poder de Salvador Allende, mítico líder que prometió “más pasión y más cariño” y se encontró, en 1973, cuando ella, Nona Fernández, tenía dos años, que aquella revolución fue secuestrada, encarcelada, fusilada por el golpe de Pinochet. Desde chica, Fernández memorizó el discurso en el que el presidente auguraba un país en el que triunfara la ternura, y desde que es escritora todo lo que pasó mientras ella se iba haciendo adolescente y adulta fue transparente en las obsesiones de su prosa. Consecuencia de esa pasión (y de ese cariño) es, por ejemplo, Mapocho (2002), su primera novela, que aparece ahora en España, publicada por Minúscula. Chilean Electric (2015), igualmente en Minúscula, y La dimensión desconocida (Random), de 2016, completan una especie de trilogía que muestra, desde la escritura, que no siempre el testimonio de la realidad tiene que pelearse con la belleza de la literatura. Esta entrevista se realizó a través de Zoom; tras la figura de Nona aparecían libros, relojes, juguetes y una guitarra vieja, como en el cuarto de una muchacha que mantiene en casa todos sus recuerdos.

Pregunta. Toda la vida bajo una dictadura es el asunto que marca su escritura. Escribe, dice usted, “para iluminar con la letra la temible oscuridad”.

Respuesta. Así es. Mapocho inaugura un proyecto literario cuyos límites sigo rondando. Ha sido un recorrido para enfocar la historia reciente. Yo misma me he preguntado por qué tanta obsesión con el tema. La idea misma de haber votado recientemente [en el plebiscito para acabar con la Constitución de la dictadura] responde a todas las preguntas que me hago. Y es que el presente de Chile ha estado ligado siempre a la dictadura. Hemos tenido una democracia muy frágil, la dictadura ha intervenido en nuestras vidas. Imagina vivir en un país que ha estado, casi desde que yo nací, pautado desde esas lógicas totalitarias, hasta cuando llega la democracia, que se desarrolla como un pacto con la dictadura. Tenemos políticos que trabajaron con ella. No hemos salido nunca de ese espacio fatal.

P. Dedos amputados, ombligos, mugre, cicatriz… son palabras que se repiten en sus libros, como heridas de ese tiempo que nació en 1973. Dice un personaje: “Nací maldita. Fui a dar al fin del mundo, al fin de todo. Chile, el culo del mundo. No hay alivio, no paz en todo esto. Santiago cambió el rostro, como una serpiente desprendiéndose de su piel usada”. Eso es “iluminar con la letra la temible oscuridad”.

R. Si pensamos en Chile como un cuerpo, ha sido un cuerpo terriblemente vilipendiado y ensuciado y abusado. Cuando ese cuerpo es tu país, tú eres parte de ese país, de ese cuerpo, y tu cuerpo también vive y sufre esos malestares. Es difícil evitar un escenario donde el dolor ha estado tan presente durante mucho tiempo y luego se ha tratado de invisibilizar o se ha lanzado al río como si fuese una basura más. Nos toca habitar un cuerpo específico y no sabemos cómo llegamos a él. Lo mismo ocurre con nuestro país, nuestro barrio, nuestro contexto. Lo viví, también cuando escribí Mapocho, como una maldición: ¿por qué me tocó a mí? Un hechizo, una maldición de la que no hay cómo salir. Es como un sitio por el que andamos pisándonos la cola… Hace poco vimos acá la imagen de un joven que cayó al río. Lo empujaron los carabineros y el joven cayó a ese río mugriento y sucio, en medio de la ciudad… Nuevamente hemos visto esos cuerpos lanzados al [río] Mapocho, con la antigua impunidad… Es nuestro río, y es hermosamente horrible, sucio, feo, instalado en el corazón de la ciudad, y a pesar de todo seguimos lanzando cuerpos ahí. Ojalá lo que está ocurriendo sirva realmente para romper este hechizo de mierda.

P. En ese libro aparecen las palabras fin y luz como faroles. ¿Ha habido alguna luz que haya animado alguna vez en este tiempo su visión de Chile?

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R. No sabría escribir si no es sobre la realidad. Mapocho es lo más de ficción que he hecho, pero la realidad se ha vuelto tan poderosa… Incluso en La dimensión desconocida intenté escribir a lo Le Carré, con espías… Pero era tan feroz la realidad de la que me ocupé que solo pude organizarla como un documento a cuyo material había que darle un sentido literario… La ficción, en cualquier caso, es un espacio tremendamente subversivo. Pero la realidad me ha convocado. No sé si me ha asfixiado, pero me ha traído cada vez más a observar y a dar algo de luz a estos lugares que están en sombra en Chile.

P. Hay escenarios que parecen de ficción entre esas luces en Mapocho. El conquistador Valdivia fabrica un encuentro sexual con el aborigen Lautaro; el coronal Ibáñez, que tiene parecido con Pinochet, se traviste en un burdel…

R. Originalmente quería escribir sobre los muertos del golpe militar que cruzaron el río, pero leyendo sobre el pasado me di cuenta de que había muchos más muertos… Ibáñez existió, se dedicó a perseguir a los degenerados, y mira lo que pasó.

P. ¿Es lícito imaginarlo también como una caricatura de Pinochet?

R. En la imaginación de quien lee todo puede ocurrir, pero no le conocemos a Pinochet una historia secreta de esa índole. Con Ibáñez si me pareció verosímil esa historia. Por su obsesión con respecto a los degenerados y porque desconfío de la exhibición de virilidad extrema de los militares o futbolistas, por ejemplo.

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P. ¿Cuál sería su retrato hoy de Pinochet?

R. Es un retrato difícil. Es una gran sombra para mi generación y para Chile en general. Un hoy negro que todo lo chupa. Lo que él generó, los tentáculos que tuvo, constituyen una sombra negra que nos sigue penando. Un personaje abyecto, sumamente abyecto.

P. Escribe sobre Chile, y luego sobre su casa, metáforas parecidas: “Dicen que Chile era una casa vieja, larga y flaca como una culebra”, y “Su casa de infancia es larga y flaca, como una culebra”. La casa y el país, culebras parecidas…

R. De niña habité en una casa así. Pero siempre he tenido esa idea de que nuestras pequeñas casas son un país y que a la vez el país es una casa también. Y que la vida de cada ciudadano o ciudadana está contaminada de lo que ocurre en esa gran casa país y viceversa.

P. Su literatura cumple la misión de contar la realidad, pero no renuncia a la belleza de la escritura.

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R. Gracias. Mi empeño es la literatura, hacer de esto algo bello, no para distanciar el dolor ni la ferocidad de los hechos, sino para poder transformarlo en algo luminoso. No soy periodista, no quiero escribir libros de investigación, o documentales. Mi territorio es la literatura, la poesía. Trato de generar belleza y hacerlo con estos materiales que parece que no la tienen… Mapocho está escrito para evidenciar ese hechizo de mierda, para que nadie descanse tranquilo. Espero que mi literatura ahora, a partir de los recientes hechos chilenos, pueda encontrar más luz…

P. Hay, entre otros, un tesoro que usted guarda, el discurso en el que Allende inaugura su mandato y reclama “más pasión y más cariño”. Dos años después de su proclama, que usted se aprendió de memoria, fue asesinado. ¿Esa apelación a la pasión y al cariño sirve de lema para hoy?

R. Sin duda. En la revuelta chilena reciente se pusieron de manifiesto, como exigencias, las grandes demandas que formaban parte del programa de Unidad Popular [coalición de partidos de izquierda que llevó a Allende al poder]. Es como si hubiera habido un paréntesis entre 1973 y ahora mismo. Quizá ese paréntesis es parte de ese hechizo de mierda o de esa maldición. Y el de Allende fue un discurso hermoso, que ahora ha circulado mucho en este nuevo escenario.

P. ¿Sería constituyente si la llamaran ahora a configurar la nueva Constitución?

R. Me gustaría trabajar para quienes sean designados, pero no soy la más indicada. Y me gustaría que esa expresión, “más pasión y más cariño”, marcara esa carta magna que proponen.

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El poeta «al que no quiere nadie»

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Cuando visité Soria el mes pasado siguiendo las huellas de Dionisio Ridruejo (1912-1975), hubo alguien que me dijo: «lo que le pasa a Dionisio Ridruejo es que no le quiere nadie». Me extrañó aquella frase pues había visto que en esa localidad donde nació, Burgo de Osma. le dedicaban dos placas, insertadas en las fachadas de las dos viviendas de la familia y el nombre de una calle, lo que parecía una contradicción. También en la capital soriana se ha levantado un monumento con un poema suyo al envidiable Duero, dispone de una mención en la Casa de la Poesía y la Biblioteca de Soria alberga todo su legado. Más extraño parece porque Dionisio amaba su tierra: a su localidad natal la retrató en un precioso soneto «fluyendo de las cumbres del olvido» donde «vuelve todo y mana / el para siempre ayer eternamente». Y a Soria la llamó «tierra de mi sangre» dedicándole uno de los volúmenes de su última obra, la ‘Guía de Castilla la Vieja’ (1974). Y raro resulta también ese supuesto desamor por el poeta y político cuando todo lo que hizo, equivocado o no, lo hizo por España.

Dionisio Ridruejo ha sido víctima del exclusivismo político que aún se practica hoy en día: el ensillsillamiento, la política de bandos, el «tú no eres de los nuestros», las izquierdas, las derechas y los del baile de la yenka, las memorias sin memoria, los escorados más alienados, los demócratas absolutos, los sin consenso, los anticoalición, los opositores porque sí, y los puristas de lo suyo.


Monumento que tiene a las orillas del Duero en Soria

 

Vaya por delante a la hora de escribir de Ridruejo que no creo que nadie tenga que purgarse a sí mismo por los hechos del pasado, ya bastante es la purga a que le someten sus consecuencias. Pero él sí lo hizo, brutal en su admisión: «conviví, toleré, di mi aprobación indirecta al terror con mi silencio público y mi perseverancia tolerante» cuenta en Escrito en España (1962), y no menos en su contrición. Se hizo falangista con 20 años. Era joven, utópico, un teórico, un poeta, en aquel momento el fascismo era la vanguardia europea, y estaba enamorado de Marichu, falangista e inspiradora de su poemario ‘Primer Libro de Amor’ (1939), por cuya mediación y en una velada literaria pudo conocer a su líder más admirado: José Antonio Primo de Rivera, también poeta, fusilado durante la Segunda República (1931-39) por «conspiración militar».

Y vaya también por delante que a nadie se le puede exigir ser un héroe, si acaso como mucho ser un superviviente, que no es poco. Hay quien dice que lo fue-un héroe- porque se enfrentó a un dictador-Franco-, otros le vienen a llamar algo parecido a criminal «reinsertado» (Benjamín Prado, ‘Mala gente que camina’) porque en su juventud, además de jefe local de Falange en Segovia, fue jefe provincial en Valladolid (1937), una provincia «de cunetas llenas» durante la Guerra Civil. Es de justicia recordar que ese mismo año, el 9 de abril, Valladolid (y Toledo) fueron noticia en el diario Ahora: «La Aviación Republicana bombardeó ayer intensamente la Estación del Ferrocarril de Valladolid y afueras de Toledo», resultado, 40 muertos.

Lo de Ridruejo no fue una simple transformación ni una transmutación, fue una metamorfosis completa de capullo (larva) falangista a mariposa socialdemócrata, y las valoraciones de su trayectoria, por lo sesgadas, no acaban de mostrarnos su verdadera naturaleza. Hay quien dice que murió socialdemócrata, otros que lo hizo representando el centro, y otros que siendo falangista (Benjamín Prado). Dudan también de su catadura moral: unos le llaman traidor y desleal, otros creen que fue un hombre honesto e íntegro y otros que durante toda su vida perseveró en la equivocación (Cela, Umbral). Hasta hay quien dice de él que fue «un tonto de los c…» (Alfonso Vila), porque cuando tocaba vivir del cuento, se cambió de bando. Hubo quien le llegó a decir que mejor que fundar un partido político «se hiciese cartujo» o «se pegase un tiro» (Eugenio Montes).

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Él simplemente decía «hago lo que tengo que hacer». «Si me equivoco no me callo, es mi modo de contrición denunciar aquello que antes canté, por mi compromiso con España y los españoles». Sin embargo, su recuerdo, su estela en la historia de España como uno de los hombres clave de la oposición al régimen franquista que apostó por la reconciliación, la democracia y la pluralidad se ha quedado desdibujada, como el cuadro suyo que cuelga en las paredes de la Biblioteca del Burgo de Osma. Puede que sea verdad eso de que nadie le quiere, unos recelosos de su pasado totalitario y otros espantados por su deriva social. Quienes le admiraron como poeta, prosista o político, dicen de él que era un hombre lúcido, valiente, noble y abnegado (Laín Entralgo). Yo me quedo con este comentario de Carmelo Dueñas, investigador y bibliotecario burgense, por lo conmovedor: «cuando conocí a Dionisio Ridruejo me sorprendió su tristeza, su profundo arrepentimiento por haber participado en la Guerra Civil, y mucho más su coraje». Y también, con el mimo y el detalle con los que el investigador soriano Juan Vicente Frías ha desgranado su primera trayectoria vital en el monográfico de la Revista de Soria publicado en el centenario del nacimiento del poeta, imprescindible.


Historia de España, entre los fondos de su biblioteca, que forma parte de los fondos de su legado, ubicados en la Biblioteca de Soria.

Dionisio les recitaría a todos ellos estos versos de ‘en Armas (1940): «la lealtad verdadera/es apearse del burro/ y desmontar la quimera». Sí, parece haberse usurpado de la memoria de la Historia y del Reconocimiento a una figura que apostó, como otros, por la reconciliación, la democracia y la pluralidad, una figura clave, casi un adivino, de lo que sería la transición y posterior monarquía parlamentaria en España. Yo no sé si murió falangista (auténtico), o socialista (moderado), pero creo que lo hizo con la tranquilidad y la certeza de que había sido fiel a sí mismo, y de que había hecho en su vida lo que le había dado la gana en buena razón, o sea lo creía que en cada momento que debía de hacer.

Ridruejo dejó al morir un legado de 10.500 volúmenes y otros documentos y colecciones que un poco «a la desesperada», recalaron en la Biblioteca de Soria. Destaca su fondo antiguo con la Historia de España de Juan de Mairena de 1713. Durante años, estuvo en cajas y sus herederos, al no carecer de apoyo de ninguna institución para crear una Fundación en El Burgo de Osma (como Antonio Machado la tiene en Soria), lo vendieron al Ministerio de Cultura (1997) que finalmente lo cedió a la Biblioteca de Soria (2004). Teresa León, su directora, nos dirigió a sus sótanos, donde se ubican, bien catalogados, junto al busto que le esculpió Emilio Aladrén, escultor también de Franco y que provocó el viaje de despecho de Lorca a Nueva York.

Muerto su padre siendo él un niño, fue educado por maristas, jesuitas y agustinos. Fundó el partido en Segovia (1933), escribió dos versos del Cara al Sol: «volverán banderas victoriosas/al paso alegre de la paz» (1935), fue jefe de Falange en Valladolid (1937) y nombrado por Franco jefe del Servicio Nacional de Propaganda con el apoyo del cuñado del general y amigo del poeta, Ramón Serrano Suñer(1938), participó en la ocupación de Barcelona por las tropas franquistas (1939), se alistó como soldado a la División Azul para luchar en Rusia con las tropas de Hitler, a quien llegó a conocer (1941). Cuando volvió se produjo el primer «desenganche» (1942): escribió una carta a Franco en la que dejaba todos sus cargos y que concluía así: «el Régimen se hunde como empresa, aunque se sostenga como tinglado». Sufre exilio en Ronda y en Cataluña (1943), donde conoce a su esposa, Gloria de Ros, su fiel aliada. Entendía que La Falange, poética, proletaria y revolucionaria, había sido tan solo «un disfraz» utilizado por Franco para forjar un Estado conservador, bancario, inmovilista y burgués. Pasó así de tener coche oficial a sufrir prisión, embargos, multas, exilios, persecución y todo tipo de represalias. Aunque Franco nunca quiso acabar con él del todo.

La otra vuelta de tuerca se produce en los 50, en 1955 pronuncia una conferencia en el Ateneo de Barcelona: «Sobre el envilecimiento de la vida civil española», participa en las revueltas estudiantiles de 1956, siendo encarcelado en Carabanchel. En 1957 funda el partido Acción Democrática y se declara demócrata y monárquico instrumental. Participa en el ‘Contubernio de Múnich’ (1962). Se exilia en París, y la asfixia económica le lleva a dar clases en EEUU. Cuando vuelve a Madrid, funda la USDE (1974), la Unión Socialdemócrata Española, un partido político cuyo proyecto acaba prematuramente por su muerte repentina en 1975, cinco meses antes de que lo hiciera Franco.

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Cultura

De ensayar en el municipio más pobre de Santiago de Chile a ganar el mundial de K-pop

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La agrupación de bailarines Soldier posa el viernes 18 de diciembre en el Teatro Municipal de La Pintana.
La agrupación de bailarines Soldier posa el viernes 18 de diciembre en el Teatro Municipal de La Pintana.Cristian Soto Quiroz

Estos jóvenes no quieren ser una banda de chicos malos. Pertenecen a la generación que respira y transpira K-pop, el fenómeno musical surcoreano que conquistó a los centennials con sus performances y mensajes positivos. En La Pintana, el municipio más pobre de Santiago de Chile, vive Martin Silva, de 24 años. Es el líder del grupo Soldier, que imita las trabajadas coreografías de las bandas de este género, como la planetariamente conocida BTS. Tras seis años de entrenamiento, en 2019 formó su escuadrón de siete integrantes que bailan frente a espejos en distintos puntos de la capital. Este año, al igual que otro centenar de grupos del país, enviaron un vídeo a los organizadores del World Festival 2022, el mundial de K-pop que se celebra en Changwon, Corea del Sur. Superaron todos los cortes hasta quedar entre los ocho finalistas, siendo los únicos latinoamericanos. En octubre viajaron a competir y bailar, ya no frente a espejos, sino ante un público fervoroso. Los muchachos, de entre 17 y 24 años, regresaron a Chile como campeones mundiales de dance cover.

Soldier durante su presentación en el Teatro Municipal de La Pintana.
Soldier durante su presentación en el Teatro Municipal de La Pintana.Cristian Soto Quiroz

Son las 16.30 horas de este viernes y la banda extendida -17 integrantes; hombres y mujeres- recorre el Teatro Municipal de La Pintana, donde se presentarán por primera vez en la noche. Unos sacan el móvil para grabar las instalaciones, otros practican los pasos de baile cantando a capella las canciones y una le pregunta a Silva si ya pueden ir a comer. Alto, menudo, con el pelo teñido color amarillo divido en dos bloques, el líder de la grupo es tan cercano como exigente con sus compañeros. “Me costó llegar a esto. Durante años me metí a bandas que se disolvían porque no tenían objetivos claros y no quise repetir los mismos errores. Yo siempre les prometí que íbamos a ganar el mundial. Que éramos los mejores, que habíamos entrenado para esto, así que sentí una enorme felicidad y orgullo cuando nos dieron el premio”, relata con voz dulce. Cada integrante recibió unos 200 dólares por el primer lugar en la competencia.

Los jóvenes comparten una estética heredada de las bandas surcoreanas. Pero no solo se visten, peinan y maquillan como ellos o ellas, también consumen sus series, conocen su gastronomía y, lo más importante para Herrera, actúan con rectitud. “No podemos andar bebiendo, drogándonos o diciendo groserías en público. Nosotros estamos cambiando la comunidad. Aunque sea a una persona de entre 10.000, podemos mostrarle que hay oportunidades”, plantea el mayor de la banda, estudiante de acondicionamiento físico. “A diferencia del reguetón, que en sus videos enseñan armas y hablan de drogas, de tratar mal a las mujeres y se vuelvan delincuentes, el K-pop es completamente sano. Es danza, belleza, maquillaje, vestuario…”, describe Silva.

Para los chicos se trata de romper con los moldes. Ellos ven que el K-pop surgió como una propuesta contestataria a la sociedad machista surcoreana y que eso se puede replicar en todas partes. En Latinoamérica han pegado con fuerza, siendo Chile uno de los principales destinos de la región para las bandas asiáticas, que suelen integrarse de solo un género.

El público disfruta de la presentación de Soldier en el Teatro Municipal de La Pintana.
El público disfruta de la presentación de Soldier en el Teatro Municipal de La Pintana.Cristian Soto Quiroz

Los ministerios coreanos de Relaciones Exteriores, Cultura, Deporte y Turismo, y la televisión pública KBS decidieron organizar el World Festival de K-pop en 2011 para propagar la cultura del país asiático al resto del planeta. Y han tenido éxito en su propósito. Fernando Herrera, de 21 años, integrante de Soldier, también nacido en La Pintana, decidió no rendir la prueba de selección universitaria y trabaja esporádicamente en la construcción, siempre dedicando sus fines de semana a bailar. Al igual que la mayoría del grupo, nunca había salido de Chile hasta este octubre, cuando cruzó medio mundo para asistir al certamen.

Las 35 horas que tardaron en llegar a destino no empañaron la experiencia. “El avión tenía de todo: películas, comida, baño, podías ponerte de pie, ver para afuera, no te aburrías”, cuenta Herrera con una ilusión contagiosa en las butacas del teatro. Por precauciones pandémicas, la organización impidió que los jóvenes pasearan durante las dos semanas de estadía. Los chicos compartían alojamiento con sus competidores de países como Alemania, Nigeria y Japón, con quienes se comunicaban a través de intérpretes. Pasaban los días ensayando, montando y grabando. “Yo pude salir un poquito”, apunta Herrera, que debido a una intoxicación estomacal fue trasladado a un hospital, ocasión que aprovechó para entrar a un centro comercial.

Herrera aún no sabe en qué quiere trabajar, pero tiene claro que el dinero que gane se convertirá en un pasaje que lo lleve de regreso a la península, de la que quedó prendado por su abundante naturaleza. A Sebastián Guzmán, de 21 años, vestido con una camiseta de tela negra translúcida y pantalones pitillo, le sorprendió la limpieza de las calles y, a modo de broma, dice que le dio vergüenza cuando regresó al centro de Santiago.

El primer lugar en el mundial les significó una invitación al palacio de La Moneda para conocer al presidente Gabriel Boric. “Estábamos todos súper tensos. Nos llevaron a una sala pequeña y Boric nos calmó. Quedé loco. Fue como hablar con un amigo”, relata Guzmán. El joven de Puente Alto planea rendir por tercera vez la prueba de selección universitaria. Mientras define qué hacer con su futuro, seguirá bailando con Soldier que, tras cuatro años de entranamiento, varios festivales, eventos y un primer lugar en el mundial de K-pop, ha comenzado a cobrar por presentar su espectáculo.

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Cultura

El secreto oficio de escribir discursos para presidentes en América Latina

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Ximena Jara, periodista y profesora de comunicación política en Chile. Autora del libro "Fantasmas de palacio" en la comuna de Providencia, en Santiago, Chile.
Ximena Jara, periodista y profesora de comunicación política en Chile. Autora del libro “Fantasmas de palacio” en la comuna de Providencia, en Santiago, Chile.sofia yanjari

A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos y el mundo anglosajón, en América Latina el oficio de escribir discursos para presidentes tiene características arraigadas: los que lo ejercen son discretos, jamás hablan con la prensa, no se contactan con colegas de otros países ni conocen sus nombres y, cosa extraña, habitualmente ni siquiera se traspasan el saber acumulado cuando acaba un Gobierno, aunque el que lo suceda sea uno del mismo signo político. En definitiva, se trata de un trabajo secreto, al menos hasta ahora. Los comunicadores políticos Ximena Jara y Gonzalo Sarasqueta, chilena y argentino, respectivamente, han publicado un libro donde por primera vez sacan del armario a los escritores de discursos presidenciales de la región. Es Fantasmas de palacio. Escritores de discursos presidenciales en América Latina (Editorial Biblos), donde escriben los speechwriter de Lula da Silva –en sus anteriores Gobiernos–, Mauricio Macri, Rafael Correa, Juan Manuel Santos, Pepe Mujica, Vicente Fox y Michelle Bachelet. Presentado hace algunas semanas en Buenos Aires, este lunes se lanzará en la Casa América de Madrid.

“¿Por qué escribir un libro sobre escritores políticos en América Latina? Principalmente, porque la sociedad sabe poco –o nada– sobre la cocina de la palabra presidencial”, reflexionan los editores al inicio del libro, el primero que aborda el oficio de escribir discursos presidenciales desde la propia experiencia de quienes lo han ejercido en secreto. La periodista Jara, que sin cumplir los 30 años fue parte del equipo de contenidos del primer Gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010) y luego fue la principal escritora de discursos presidenciales en el segundo mandato (2014-2018), en una cafetería del municipio de Providencia de Santiago de Chile cuenta que mientras trabajó en La Moneda jamás concedió una entrevista ni conversó –ni siquiera confidencialmente– con la prensa. “Incluso en mi currículum escribía mi cargo, pero no explicitaba en lo que consistía: escribir los discursos de la presidenta”, dice Jara, que habla de un oficio que en América Latina se ejerce “con mucho pudor, a diferencia de Estados Unidos donde, por ejemplo, gente como Jon Favreau son unos personajes”, en referencia a quien le escribió los discursos a Barack Obama.

"Fantasmas de palacio", de Ximena Jara y Gonzalo Sarasqueta.
“Fantasmas de palacio”, de Ximena Jara y Gonzalo Sarasqueta.sofia yanjari

Todo comenzó cuando Sarasqueta entrevistó a Jara en Santiago de Chile para su tesis doctoral de Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid, centrada en una comparación entre los discursos de Bachelet y Mujica. Se reunieron en la capital chilena un 18 de octubre de 2019, el mismo día del inicio del estallido social. Fue el inicio inolvidable de una amistad y complicidad profesional que llevó a la dupla a colaborar y a idear luego, en plena pandemia, un proyecto ambicioso: “Sincerar una profesión en América Latina”. Lo explica el libro: “Sacar el oficio del palacio y ubicarlo donde se merece: de cara a la opinión pública. En una época donde todo –viajes, comidas, amores, intimidades, etcétera– se trasluce en las redes sociales, sería una injusticia que este oficio quedase en el sótano de la democracia”. En definitiva, como cuenta Jara en esta entrevista, “juntar conocimiento colectivo porque, hasta ahora, cada vez que alguien llega a un Gobierno, pareciera que tuviera que inventar el oficio y se ve obligado a comenzar a trabajar desde la intuición”. Un intento de mayor profesionalización de un trabajo que en América Latina se ejerce de forma diferente a otras latitudes.

Como Saraqueta ya había contactado para su tesis a Matías Ponce, el escritor de discurso de Mujica, la dupla comenzó la búsqueda de otros redactores de discursos presidenciales, es decir, personas que, aunque han estado en el corazón mismo del poder, deben trabajar en total anonimato y desprendiéndose del ego: “Ser invisibles”, resume Jara, que contactó a Julieta Herrera, la escritora de discursos de Macri cuando estuvo entre 2015 y 2019 en la Casa Rosada. Pese a trabajar para gobiernos de signos políticos diferentes, Jara y Herrera conectaron rápidamente. “Ninguna había conocido antes a otra speechwriter, lo que muestra la soledad en que se ejerce este trabajo”, comenta la editora chilena, que no recibió negativas a la hora de invitar a sus colegas a formar parte de este libro. Es un texto que no busca contar infidencias ni concentrar una suma de anécdotas, pero aborda episodios espinosos como, por ejemplo, los discursos en las horas de mayor crisis.

En un capítulo referido al segundo Gobierno de Bachelet, Jara habla del caso Caval, de comienzos de 2015, un escándalo referido a los negocios de la nuera y el hijo de la presidenta que salpicó profundamente a La Moneda. “Justamente porque esta crisis tenía un componente personal muy grande, cualquier borrador era necesariamente un insumo más ante un mensaje que se configuraba de manera íntima”, escribe la periodista que admira al menos dos discursos del pasado reciente latinoamericano: “El del chileno Eduardo Frei Montalva de 1962 cuando promulgó la reforma agraria –fue un discurso que cambiaba Chile– y el último de campaña de Raúl Alfonsín en 1983, que hace llorar”, asegura Jara. Para la periodista, América Latina fue durante el siglo XX una región donde los presidentes “tenían una cosa mágica que encantaban a las multitudes, las hacían cambiar de parecer”, pero en la actualidad, “el discurso grandilocuente propio del caudillismo ya cambió y en la región imperan los discursos desde lo cotidiano”.

Existen diferentes experiencias, porque a algunos presidentes les resulta especialmente complejo el contacto con la ciudadanía. El colombiano Santos, por ejemplo, “se ha formado en los mejores salones y se expresa en un inglés perfecto, pero en el idioma del pueblo le es muy difícil hablar. Le cuesta encontrar las palabras que precisa, y cuando las encuentra se le enredan al pronunciarlas”, escribe en libro el publicista argentino Ángel Beccassino, que asesoró al mandatario. Con el uruguayo Mujica ocurrían otro tipo de curiosidades. En un capítulo llamado Como te digo una cosa, te digo la otra: el desafío de completar los discursos de Pepe Mujica, Ponce escribe: “Mujica fue su propio hacedor de discursos, asesor y estratega de comunicación. ¿Y cuál fue nuestro rol? Lo definiría más bien como la reparación de daños o los multiplicadores de sus discursos, anuncios de los que no estaba informado el resto del Gobierno, amplificadores de sus éxitos”.

En tiempos en que los discursos presidenciales son fragmentados y permanentes –la mayoría de los mandatarios se comunica mucho a través de las redes–, el desafío de América Latina está en pasar del discurso a un relato permanente y de largo plazo, dice Jara, que repite en esta entrevista: “Los discursos no construyen al personaje. Decirlo sería altanero y mentiroso”. Y como en todo oficio, cuenta la comunicadora política, existen momentos muy frustrantes, como cuando un presidente abandona las hojas y comienza a improvisar: “Si un presidente mira sus notas y las deja de lado, al equipo de discursos se le quiebra el corazón, porque su trabajo no estuvo en sintonía con el momento y, en definitiva, algo falló”. Es algo que –dice Jara– habitualmente hace el actual presidente chileno, Gabriel Boric, que acostumbra a incorporar la literatura en sus intervenciones.

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Cultura

La ópera escenificada regresa al principal escenario chileno de la mano de Oviedo y Tenerife

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La sorpano Sabina Puértolas, en el personaje de Manon, junto a Galeano Salas, quien interpreta al Caballero Des Grieux, en el Teatro Municipal de Santiago.
La sorpano Sabina Puértolas, en el personaje de Manon, junto a Galeano Salas, quien interpreta al Caballero Des Grieux, en el Teatro Municipal de Santiago.Patricio Melo

Durante tres años el Teatro Municipal de Santiago de Chile no presentó sobre su escenario ninguna ópera escenificada producto de la pandemia. Manon, del compositor francés Jules Massenet, rompió el 10 de noviembre ese parón tan crítico para la casa de la cultura de la capital chilena. La coproducción con la Ópera de Tenerife y la Ópera de Oviedo también supone el regreso al país sudamericano del asturiano Emilio Sagi, considerado el director de escena más importante de la ópera española. Su propuesta retrata una sociedad aristócrata francesa corrupta y enceguecida por el lujo, para lo que apostó por exagerar las vestimentas y pelucas de un elenco multinacional que ha provocado tal entusiasmo en el público que, por ejemplo, el pasado sábado la soprano Sabina Puértolas se vio obligada a voltearse en medio de una escena para agradecer los aplausos. “Era realmente muy fuerte lo que estaba pasando”, describe la española.

Cuando Carmen Gloria Larenas asumió la dirección del Teatro Municipal de Santiago a finales de 2019 tenía como uno de sus primeros objetivos traer de vuelta a Sagi, un artista cuyos trabajos habían significado un aporte al desarrollo del teatro, además de ser “muy querido por el público chileno”. Con la idea de que regresara con un proyecto que le hiciese ilusión, comenta Larenas, surgió la idea de Manon, una obra que no se prestaba en el país desde hace 41 años.

“Es una obra que me gusta mucho y que siempre tuve muchísimas ganas de hacer, pero ningún teatro me la había ofrecido”, sostiene Sagi. Tenía claro que la estética debía ser la del siglo XVIII, “cuando la masa popular no existía ni para los gobernantes ni para la aristocracia, y que luego sería la impulsora de la revolución francesa”, comenta por teléfono desde España, tras su estancia de un mes por Chile. Los cuadros de Jean-Honoré Fragonard y Jean-Antoine Watteau fueron claves en la inspiración para la magnífica puesta en escena.

Sagi es oriundo de Oviedo, cuya ópera celebrará el 75 aniversario en 2023. La primera obra que presentaron después de la guerra fue Manon. “Coincidía todo”, afirma el director de escena, “y se unió también la Ópera de Tenerife, que yo lo inauguré hace 20 años”. La producción a trío, con el argentino Daniel Bianco en la escenografía y el chileno Pablo Núñez en el vestuario, se presentará en Santiago hasta el 19 de noviembre, para luego viajar a España, con variaciones en el elenco integrado por los tenores Galeano Salas y Andrés Presno, quienes dan vida al Caballero Des Grieux; y los barítonos Manel Esteve y Ramiro Maturana, como Lescaut, entre otros.

Puértolas, al igual que la soprano chilena Annya Pinto, dan vida a Manon Lescaut, un magnético y pasional personaje que está presente en los cinco actos. “Es un rol que quería meter en mi lista de óperas. Estaba en un momento vocal y de madurez personal para encararla. Hay que tener un poquito de cabeza para saber llegar bien al final con este personaje después de tantas canciones complejas”, comenta Puértolas. Como artista y como mujer, señala, ha sido interesante ponerse en la piel de una mujer que “hace lo que quiere, sin importarle lo que digan ni a dónde llega”. Sagi cree que, en el fondo, Manon es “una víctima de una sociedad corrupta que la acaba destrozando. El tipo de personas que usan y que acaba defenestrada por la propia sociedad que ella quería”.

Otro hito que se logró con esta obra es que la Orquesta Filarmónica de Santiago, dirigida por Maximiano Valdés, por fin pudo retornan al foso. Debido a las medidas sanitarias tuvieron que tocar en las presentaciones anteriores en el espacio de la platea previsto para las filas de la A a la I. Por fin, sin restricciones de aforo, y con todas las butacas disponibles, el Teatro Municipal de Santiago está dejando atrás la pandemia. Hasta ahora se habían realizado conciertos y ballets. Larenas destaca que de todo el público que ha asistido este año, el 52% lo hacía por primera vez, la mayoría mujeres de entre 33 y 43 años. “Creo que es el resultado de un trabajo digital importante que hicimos en la pandemia con el que logramos llegar a un público que existía, pero que no sabía bien lo que hacíamos o tenía algún prejuicio”.

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Cultura

Cuando la Nobel Annie Ernaux viajó al Chile de Allende y a la España de la Transición

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Annie Ernaux y sus dos hijos en una fotograma de la película 'Los años de Super 8'.
Annie Ernaux y sus dos hijos en una fotograma de la película ‘Los años de Super 8’.

La cámara deja de captar el rostro de una mujer joven y atractiva o las expresiones de felicidad familiar en el cumpleaños de un hijo para centrarse más en los paisajes, en las ciudades que se visitan, en la gente anónima de sus calles. La escritora Annie Ernaux interpreta su ausencia paulatina en las imágenes que rodaba su marido Phillippe Ernaux como un reflejo de que su relación sentimental se estaba resquebrajando. Ella misma lo explica con una voz firme, reflexiva, literaria, que prescinde de los adjetivos y solo se permite alguna pequeña inflexión emocional, en la interesante película documental Los años super 8, dirigida por la autora y su hijo pequeño David Ernaux-Briot. Mañana, 15 de noviembre, se proyecta en el singular festival de mediometrajes La cabina de Valencia, y el 16 de diciembre se estrena en la plataforma Filmin.

La película resultará, sin duda, interesante al lector aficionado a la Premio Nobel de Literatura 2022, porque el guion que ella escribe y narra podría formar parte de su obra literatura, con el mismo estilo austero y sintético y una carga autobiográfica aún más evidente si cabe. Pero, además, el filme ofrece un recorrido por una década al reunir películas domésticas rodadas entre 1972 y 1981, a partir de los anhelos y vivencias de una pareja con dos niños, joven, culta, de izquierdas, que se plantea una vida alternativa en la naturaleza tras el Mayo del 68, pero disfruta de las comodidades burguesas al tiempo que quiere escapar de ellas. Ernaux en estado puro en un fresco histórico de una hora de duración servido por imágenes granuladas que desprenden la nostalgia propia del Super 8. En palabras de la autora de La vergüenza, el filme “captura una visión temblorosa de un mundo en perpetuo movimiento que atraviesa fuertemente nuestras existencias individuales”.

Annie Ernaux, en una fotograma de la película documental que recoge imágenes caseras rodadas entre 1972 y 1981.
Annie Ernaux, en una fotograma de la película documental que recoge imágenes caseras rodadas entre 1972 y 1981.

Estrenada en mayo sin recibir apenas atención en la Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cannes, Los años de super 8 se ha beneficiado de la concesión en octubre del Nobel a la autora de 82 años, que se muestra “embelesada” en la película por la visión de los Andes, de camino a Chile en 1972. Allí, el matrimonio conoce una fábrica autogestionada, visita el desierto de Atacama, apoya la reforma agraria y las “ideas revolucionarias” de Salvador Allende, al que llegan a ver en el palacio de La Moneda si bien fuera de cámara. Un año después, tras el golpe de Estado de Pinochet, ya no quedaba nada de aquel sueño, apunta Ernaux en la voz en off que sobrevuela las imágenes.

Las obligaciones como madre y esposa empiezan a perturbar su vocación como escritora. También la presencia de su madre, que se va a vivir con ellos tras la muerte del padre, si bien reconoce que su “devoción por los niños” logra liberarla un poco de los quehaceres cotidianos. La pareja apuesta por François Mitterrand, pero gana Valéry Giscard d’Estaing. Viajan a Marruecos, se visten con chilabas, pero no dejan de actuar como occidentales en un espacio acotado para ellos. La superviviente del holocausto y ministra feminista de Salud Simone Veil defiende el aborto en un discurso histórico en la Asamblea Nacional en 1974. La familia viaja a la pobre Albania del comunista Enver Hoxha, pero el régimen dictatorial, que no permite “llevar pantalones a las mujeres”, no les deja “mezclarse” con la población. Viven como privilegiados en unas playas desérticas que hoy son destino de moda de miles de turistas. La familia descubre la práctica del esquí, mientras ella aprovecha para escribir, sin despojarse del sentimiento de culpa por su desclasamiento que preside toda su obra. Se trasladan cerca de París. Visitan Londres. Recuerda su dura etapa con 19 años trabajando para aprender inglés, idioma que quiere que sus hijos aprendan. El tiempo pasa.

Annie Ernaux, tras ganar el Nobel el 6 de octubre, antes de dar una conferencia de prensa en Paris.
Annie Ernaux, tras ganar el Nobel el 6 de octubre, antes de dar una conferencia de prensa en Paris.Michel Euler (AP)

La familia viaja a España, solo después de la muerte del dictador Francisco Franco, en plena Transición. Corre el año 1980. ETA les inquieta. Van a Pamplona, filman los Sanfermines, hay una larga secuencia de una corrida de toros que tal vez simboliza la ruptura. Recorren Valladolid, Salamanca, Toledo, Soria… La pantalla ya no se llena con primeros planos como antes. Ya no se respira la felicidad familiar y la complicidad de antaño. La convivencia degenera, la pareja discute. “Las cosas que permanecen escondidas en los días ordinarios de repente explotan en conflicto”, comenta la autora. Publica La mujer helada, su tercera novela en la prestigiosa editorial Gallimard.

Aún hay tiempo para el último viaje familiar, en 1981, esta vez a la URSS dirigida por Leonidas Breznev. Un país oscuro que no impide la emoción previa de la escritora que ha crecido leyendo a Tolstoi, a los grandes autores de la literatura rusa y escuchando a sus compositores. La cámara de Philippe Ernaux se detiene en los detalles de la fachada de la catedral de San Basilio, en la Plaza Roja. Es el fin de la pareja. Después de Rusia se separó.

Cuando murió Philippe, del que ella tomó el apellido con el que ha firmado todas sus obras, la escritora y su hijo Eric decidieron montar la película que se proyectó el pasado mes en el Festival de Cine de Nueva York. La concesión del Premio Nobel ha dado una nueva vida a Los años de super 8. Allí, en un coloquio posterior, la escritora explicó que el valor de las imágenes, pese a su carácter casero, radica en mostrar “la familia como el primer espacio de sociabilidad que existe” y también poner en valor “la evolución de los cuerpos y el envejecimiento”.

Preguntada por la contradicción que supone haber permitido que su marido fuera quien grababa todas las imágenes, respondió que no era la única contradicción en aquellos años de su vida. “Tal vez acepté muy fácilmente el reparto de papeles: yo me encargaba de la cocina, de la limpieza y del cuidado de los niños”, señaló en el coloquio. Añadió que la película no recoge, por ejemplo, su implicación entonces en favor del aborto (despenalizado en Francia en 1975) y que centró su novela El acontecimiento, adaptada al cine el pasado año en una no menos sobrecogedora versión dirigida por Audrey Diwan. La voz que confiere sentido a las imágenes de Los años de super 8 sí que deja bien claro su compromiso inquebrantable por escribir. Y recuerda aquella declaración de principios que se hizo con 20 años la autora nacida en la pequeña localidad normanda de Lillebonne: “Escribiré para vengar a mi pueblo”.

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Cultura

Un año de Americanas: el compromiso de un periodismo feminista

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Esta es la versión web de Americanas, el newsletter de EL PAÍS América que aborda noticias e ideas con perspectiva de género. Si quieren suscribirse, pueden hacerlo en este enlace.

¡Estamos de aniversario! Este 7 de noviembre Americanas cumple un año y además de agradecerles a ustedes, nuestras lectoras y lectores, por haber estado ahí boletín tras boletín, queremos hacer un repaso de estos 12 meses que para nosotras han representado la consolidación del compromiso de EL PAÍS América de hacer un periodismo feminista y con enfoque de género que no deje atrás la mirada, las luchas y los logros de la mitad de la población de este continente: las mujeres, que somos casi 500 millones de personas.

Cuando lanzamos la newsletter en noviembre de 2021, lo hicimos convencidas de que teníamos un espacio privilegiado para documentar la ola feminista que desde hace años se ha puesto al frente de muchas movilizaciones sociales en Latinoamérica desde diferentes frentes: la política, el activismo o el arte y la cultura. Queríamos que nuestro boletín ayudara a construir un relato colectivo y lo más plural posible. Por eso, invitamos a todas nuestras compañeras de redacción y colaboradoras a compartir las historias de lo que vivían y reportaban en diferentes países de la región. También les abrimos la puerta a nuestros compañeros hombres porque creemos que la igualdad de género debe ser cosa de todos.

Con el paso de los números, hemos tratado de contar lo que significa ser mujer en América y hemos documentado los avances y retrocesos de las luchas feministas. En el boletín hemos hablado de temas políticos, como el ascenso al poder del primer Gobierno feminista en Latinoamérica, como se denomina el de Gabriel Boric en Chile, el drama de las 13 presas políticas de Daniel Ortega en Nicaragua —que hoy siguen en la cárcel—, el espionaje a las feministas en México, que se han convertido en un movimiento opositor al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, o la filosofía del feminismo afro detrás de la nueva vicepresidenta de Colombia Francia Márquez, una mujer afrodescendiente surgida de la movilización social que logró convertirse en una figura pública admirada en el país y que representa a millones de personas tradicionalmente invisibilizadas.

Además, hemos documentado las luchas sociales: la búsqueda incesante de las madres de desaparecidos, la lucha contra la exclusión de las personas transexuales y no binarias o las diferentes batallas del aborto. Aquí hemos podido celebrar victorias para las mujeres, como la despenalización en Colombia, pero también hemos tenido que contar el retroceso de 50 años que han sufrido las estadounidenses con la derogación de la sentencia Roe vs Wade, que protegía el acceso al aborto seguro en EE UU a nivel federal y cómo perjudica especialmente a las que tienen menos recursos.

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En este año de boletines, también hemos tenido espacio para algunos de los males endémicos de la región: la violencia de género y los feminicidios. Las periodistas de EL PAÍS América han compartido desde un punto de vista muy personal, por ejemplo, los fantasmas que despierta cubrir la oleada de mujeres desaparecidas y después halladas muertas en México, lo que siente una sobreviviente de violencia sexual en la infancia cuando ve a las jóvenes del continente levantar la voz contra los casos de abuso en colegios y universidades o la indignación ante la falta de acción en Ecuador frente a los asesinatos y la violencia brutal contra las mujeres.

Otras compañeras han escrito de los desafíos económicos que enfrentamos las mujeres, como la discriminación a la hora de pedir una hipoteca en el banco por no estar casada o la excesiva carga que cae sobre nosotras por el trabajo no remunerado de los cuidados. También hemos hablado de los machismos cotidianos, que se reflejan desde en las series de Netflix, en juicios mediáticos como el que enfrentó la actriz Amber Rose o en certámenes literarios, donde narrar la historia de las víctimas de violencia machista en primera persona todavía choca de frente con el relato patriarcal que ha dominado tradicionalmente ese ámbito. Y recurrimos a la cultura, concretamente a tres novelas sobre la amistad femenina, para contar cómo frente a un Estado y unas instituciones que juzgan, ignoran y se tapan los ojos ante las denuncias de las mujeres, las amigas aparecen para cuidar, escuchar, acompañar y aconsejar.

Americanas se ha convertido en un espacio seguro para esos relatos y además nos ha permitido configurar una agenda más sólida sobre el feminismo en la región y aumentar la conciencia de la redacción sobre la importancia de incluir la perspectiva de género en nuestras coberturas, con la convicción de que es fundamental para un periodismo más democrático.

El 16 noviembre viajaremos a la ciudad mexicana de Mérida a recoger el premio Digital Media LATAM que entrega la Asociación Mundial de Editores (WAN-IFRA, en sus siglas en inglés) a la mejor newsletter de Latinoamérica. Lo haremos con un agradecimiento profundo a la dirección de EL PAÍS América, por apostar por este espacio, a todas las compañeras y compañeros que han pasado por Americanas con historias y recomendaciones, por su contribución para construir este relato colectivo, y especialmente a todas las mujeres que están luchando por un continente más justo donde no se nos discrimine, ataque o mate por nuestro género.

Estos son nuestros artículos recomendados de la semana:

Fotografía difundida en redes sociales por Diego Maldonado, hermano de Lidia Gabriela. CIUDAD DE MEXICO, 1 DE NOVIEMBRE. - Lidia Gabriela Maldonado murió este martes.
El hermano de la víctima, de 23 años, denuncia que la joven pidió auxilio por la ventana, pero nadie pudo ayudarla.
A Feminist rights demonstrator walks near of a graffiti on a bus while attending a protests against the alleged sexual abuse of a minor woman inside a Transmilenio public transport station, in Bogota, Colombia November 3, 2022. REUTERS/Luisa Gonzalez

Decenas de colectivos feministas han salido a protestar contra el funcionamiento de TransMilenio después de lo ocurrido.

Lima y Paola son dos de las fundadoras de “La campamenta”, un colectivo de acompañantas de aborto en la capital del estado de Oaxaca, en el centro del país. Cada semana acompañan entre 5 y 7 abortos. La mayor parte de la población que las busca pertenece a zonas de los Valles Centrales de Oxaca y las periferias de la ciudad.

México ha avanzado la lucha por la legalización del aborto, pero aún persisten las barreras para el acceso libre y seguro. Las redes de acompañamiento hacen frente a estas ausencias y cuidan los derechos sexuales y reproductivos de las gestantes.

Nyakuei Thiang Koay, de 18 años, vive en la aldea de Pakur. "Cuando estás menstruando, te prohíben cocinar, ir a buscar agua y ordeñar vacas. Nadie nunca me habló de la regla: ni mi madre o mi hermana. Solo a veces escuché comentarios sobre sangre y menstruación".

El acceso a artículos de higiene femenina es un derecho de toda mujer y niña. Sin embargo, en Sudán del Sur, una cultura de vergüenza y tabú provoca que no se hable del tema y que cada una busque su propia manera de manejar el periodo.

Una mamá junto a su hija mirando la pintura Retrato de una dama de Élisabeth Vigee en la exposición (Re) Generando Narrativas e imaginarios, Mujeres en Diálogo.

Una nueva exposición del Museo Kaluz, en Ciudad de México, reúne obras de artistas de diferentes generaciones, procedencias y estilos para repensar desde sus miradas las formas de crear.

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Sevilla/01-11-2022: La escritora mexicana Daniela Tarazona durante una entrevista en Sevilla. FOTO: PACO PUENTES

La escritora mexicana, que acaba de ganar el premio Sor Juana Inés de la Cruz, reflexiona sobre su forma de entender la literatura y la importancia de romper tabúes en la temática abordada por las autoras.

María Isabel Urrutia posa para un retrato durante entrevista para el diario El País en Bogotá, (Colombia), el 28 de octubre del 2022.

La ministra del Deporte de Colombia revela que el torneo será de 11 meses, se compromete con un sueldo de entre 400 y 500 dólares y arremete contra Ramón Jesurún: “El deporte sigue siendo machista”.

Y unas sugerencias para acabar:

🎨 📷 💜 Una colectiva feminista: Unidas

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Por Lorena Arroyo

Unidas es un movimiento de mujeres artistas de Xalapa (Veracruz, México), que surgió en 2020 con el objetivo de hacer arte político y feminista usando el espacio público y a través de diferentes expresiones: desde el performance, la fotografía, el mural, la ilustración o la literatura. Su principal intervención hasta ahora ha sido “Históricas”, una obra colectiva que ocupa uno de los principales viaductos de la ciudad para reivindicar la figura de mujeres mexicanas borradas por la historia como la artista Lola Cueto, la pintora María Izquierdo, la periodista y activista defensora los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres Esperanza Brito, la pintora y poeta Carmen Mondragón, también conocida como Nahui Olin, la poeta y ensayista Esther Hernández Palacios, o la líder feminista, política y sufragista Elvia Carrillo. El mural, que incluye diferentes escenas de la lucha de las mujeres, tiene también un ‘árbol de la memoria’ con los nombres de desaparecidas o víctimas de feminicidio.

El siguiente proyecto de Unidas es una intervención en conjunto con el Centro de Derechos Humanos Toaltepeyolo y con un grupo de madres y esposas de desaparecidos. Harán fotomurales con sus rostros en diferentes ciudades del Estado de Veracruz para preservar sus imágenes, hablar de memoria, romper estigmas y mostrarle a la sociedad que detrás de las cifras de los desaparecidos hay historias y familias esperando. “Defendemos que a través del arte se puede sensibilizar a la gente, se pueden dar mensajes quizás incómodos, pero necesarios y que el espacio público es indispensable para visibilizar”, explica María Teresa, una de las integrantes de la colectiva. Entre sus objetivos también está transmitir a la sociedad que, en un país con decenas de miles de desaparecidos, la búsqueda debe ser una labor en conjunto. “Nos incumbe a todos y a todas porque puede pasar en cualquier momento y a cualquier persona”.

📚 Un libro: Catedrales, de Claudia Piñeiro

Por Almudena Barragán

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Es probable que ya conozcan este libro de la escritora argentina Claudia Piñeiro, pero acabo de leerlo y me ha gustado mucho. La historia cuenta cómo marca a una familia de clase media el feminicidio de la hija pequeña hace 30 años. La investigación se cierra sin culpables y durante 30 largos años pesa en aquella familia como una losa. Con el tiempo, la verdad oculta saldrá a la luz gracias al persistente amor del padre de la víctima.

Esa verdad mostrará de manera cruda y conmovedora lo que esconden las apariencias, el conservadurismo y la religión y lo que puede llegar a hacerse por obediencia y fanatismo. Los lazos familiares y los prejuicios que todos tenemos en la sociedad quedan expuestos en esta novela escrita con maestría que atrapa de la primera página a la última. El libro se llevó el premio Best Novel de VLC Negra 2021 y el Premio Hammett a la Mejor Novela de Género Negro en español de 2020.

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