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Prevención del suicidio

Prevención del suicidio

Héctor Zagal

(Profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana)

El 10 de septiembre es el Día del mundo para la prevención del suicidio. De acuerdo con datos de la Organización del mundo de la Salud (OMS), una de cada cien muertes ocurridas durante el 2019 fue por suicidio. No soy un especialista de la salud y reconozco mis limitaciones técnicas al hablar del suicidio, pero quisiera compartir algunas reflexiones al respecto.

Parece que, en algunos casos, hay cierta propensión psicobiológica al suicidio. Así como algunas personas son más propensas a padecer diabetes o cáncer, así también hay personas que son más propensas a sufrir ansiedad, depresión y angustia. Además, en cada persona varía la resistencia ante emociones dolorosas. No hay una caEstados Unidos única para el suicidio, ni psicológica ni biológica; sin embargo, es posible prevenir una situación tan lamentable como el suicidio si se tiene ayuda psiquiátrica y psicológica. El estado de la ciencia actual nos permite entender, como nunca antes, las afecciones mentales y psíquicas. Sin embargo, aún existe un estigma sobre quienes asisten a terapia o al psiquiatra. Reconocer que hay dolores que nos superan, y buscar ayuda y apoyo para atravesarlos, no debería ser motivo de vergüenza.

Al hablar de dolores no sólo me refiero a los dolores físicos, sino a los dolores emocionales. Sin embargo, pensemos simplemente en un dolor prolongado, como un dolor de muelas o una migraña, o una depresión que nos impide salir de la cama. Sin oportunidad de alivio alguno, ¿estarían dispuestos a seguir viviendo con esos dolores? ¿A qué tipo de vida nos aferramos si este es el escenario? No son preguntas sencillas y, me parece, tampoco una sola respuesta. Es cierto que los seres humanos podemos aguantar circunstancias terribles y salir fortalecidos. Pero también podemos quebrarnos. ¿Qué hacer con el dolor?

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Sonará trillado, pero no deja de ser necesario recordar que no podemos saber con certeza qué pasa en la cabeza del otro; no sabemos cabalmente cuál es la lógica de sus actos ni el sufrimiento que puede motivarlos. Ante el suicida, aquel que Borges imaginaba diciendo “Moriré y conmigo la suma/del intolerable universo./Borraré las pirámides, las medallas,/los continentes y las caras./Borraré la acumulación del pasado”, no puedo sino suspender mi juicio y callar con respeto. Quizá tan sólo me permita imaginar qué podría haber estado pasando en su interior, la intensidad de su sufrimiento, como para decidir ir en contra de sí mismo. Quizás, porque no deja de ser un misterio los complejos callejones que desembocan en el suicidio. ¿Qué tanto de libertad hay en esa decisión? ¿Se pudo haber evitado? ¿Cómo? Al menos sabemos que no es algo que se evite sólo “echándole ganas”.

Reconozco a las nuevas generaciones su apertura y seguridad al hablar de sus emociones. Pero al habla debe acompañarle la escucha para generar verdaderas relaciones de amistad y apoyo. La depresión y angustia pueden ser menos desoladoras, cuando se tiene a un amigo con quien estar, aunque sea en silencio, aunque no se hable directamente del sufrimiento. Hay que saber expresarnos para poder pedir ayuda al experto en el momento oportuno y saber escuchar e interpretar cuando alguien necesita de nosotros sin que lo pida explícitamente.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

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