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¿A quién apoya Adán Augusto?

Leo en SDPNoticias que “Adán Augusto López descarta aspiraciones presidenciales para 2024”. Lo mencionó el nuevo secretario de Gobernación en el noticiero de Azucena Uresti en Radio Formula. Sus razonamiento es políticamente correcto:

Llego (a la Segob) a hacer un trabajo de armonización, de reconciliación, de conjunción política, de diálogo y de construcción de acuerdos (…) No, yo no me veo en nada de esas cosas (en elecciones de 2024). Mi tarea es otra.”

ADÁN AUGUSTO LÓPEZ HERNÁNDEZ

¿Le creemos a Adán Augusto eso de que no se ve buscando ser presidente? Sí, por supuesto. Pero él, si es objetivo —y lo es, sin duda— aceptará que tampoco se veía como sucesor de la ministra en retiro Olga Sánchez Cordero antes de que Andrés Manuel le ofreciera reemplazarla.

Es decir, si su jefe y amigo le ordena trabajar por la candidatura presidencial, Adán Augusto lo hará.

Pero, ¿y si Andrés Manuel solo le pidiera al nuevo secretario de Gobernación ayudarle a seleccionar al candidato o a la candidata de izquierda? A eso se dedicará Adán Augusto, por supuesto que sí.

Si Andrés Manuel decide que Adán Augusto López Hernández no sea candidato presidencial, no lo será. En tal escenario, el ahora secretario de Gobernación deberá apoyar a alguna de las personas que se han mencionado con posibilidades de suceder a AMLO. ¿A quién?

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Ayer hice la lista de los precandidatos y precandidatas de Morena. Incluí a los mencionados y a las mencionadas por AMLO:

  • Rocío Nahle, secretaria de Energía (57 años de edad).
  • Tatiana Clouthier, secretaria de Economía (57 años).
  • Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México (59 años).
  • Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores (61 años).
  • Esteban Moctezuma, embajador en Estados Unidos (66 años).
  • Juan Ramón de la Fuente, embajador en la ONU (en unos días cumplirá 70 años).

Agregué a tres aspirantes a quienes el presidente López Obrador no ha tomado en cuenta —al menos no públicamente—, pero que, si Andrés Manuel cambiara de opinión porque las circunstancias se acomodaran de otra manera —y en política nada puede descartarse—, podrían quedarse con la candidatura:

  • Adán Augusto López, secretario de Gobernación (58 años de edad). Le guste o no a este personaje, el revuelo que ha caEstados Unidosdo su nombramiento lo ha metido en la lista de los y las presidenciables.
  • Ricardo Monreal, senador (60 años de edad). Evidentemente el presidente AMLO no lo ve como su sucesor, pero el zacatecano es terco y dará la pelea hasta el final, es decir, hasta que se convenza de que si quiere llegar a la presidencia deberá buscarla por un partido distinto a Morena.
  • Alfonso Durazo, gobernador electo de Sonora (67 años). Goza de la confianza de Andrés Manuel, es eficiente, consiguió en las pasadas elecciones locales uno de los mejores resultados para Morena y debe estar consciente de que el presidente, como ha hecho con Adán Augusto, podría considerado para otras responsabilidades mayores o más importantes en la lógica política de la 4T.

Solo para hacer posible el análisis, supongamos que el nuevo secretario de Gobernación no buscará la candidatura presidencial. Entones, tendrá que ayudar a AMLO a que la elección del candidato o la candidata de Morena se dé en paz, sin sobresaltos y en un ambiente que apoye al proyecto del actual presidente. ¿A quién?

Aunque es una demócrata admirable, descarto a Tatiana Clouthier por no ser una mujer de izquierda. Descarto también a Ricardo Monreal por no ser confiable para Andrés Manuel.

Es probable, pero realmente poco probable que, al menos de arranque, se le pida a Adán Augusto trabajar para Esteban Moctezuma, Juan Ramón de la Fuente o Alfonso Durazo.

Cualquiera de tales políticos podría ser candidato, pero tendrían que frahogarr quienes encabezan ahora mismo la carreta (Sheinbaum y Ebrard), lo que podría ocurrir, pero no ha ocurrido.

Por lo demás, De la Fuente, Moctezuma y Durazo deberán decidir a quién apoyar, si a Marcelo Ebrard o a Claudia Sheinbaum y esperar a que si él y ella por cualquier razón no pudieran, el presidente AMLO les seleccionara casi por haberse apuntado como candidatos suplentes.

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Por sus responsabilidades actuales, Moctezuma y De la Fuente están, al menos formalmente, en el equipo del canciller.

Durazo, por su cargo de gobernador, seguramente aceptará que la líder del grupo de gobernadores y gobernadoras de Morena siga siendo la jefa de gobierno de la Ciudad de México.

Es más probable, pero ya no tan probable como hace meses, que el presidente López Obrador haya decidido hacer de Marcelo Ebrard su sucesor, tal como ocurrió cuando AMLO gobernó el entonces Distrito Federal.

En ese caso, Adán Augusto trabajaría para el canciller, pero… creo que si AMLO pensara con toda seriedad en Ebrard —quien se destapó a sí mismo en una carne asada con sus leales— le habría dado la Secretaría de Gobernación para fortalecerlo y permitirle tener éxitos en lo que sí domina, la política interna, y ya alejarlo de las relaciones de México con el exterior.

Es que, a pesar de sus habilidades, Ebrard no es experto en la diplomacia. Ebrard, en este terreno, si bien ha tenido algunos notables aciertos, ha permitido escándalos absolutamente evitables, como el de la agregaduría cultural en Madrid; el robo de materiales para los pasaportes; las malas cuentas por la compra de vacunas, o la integración de un equipo de jóvenes inexpertos que nadie en el servicio exterior respeta.

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Tales escándalos, la verdad sea dicha, han dañado a la 4T, y sumados a la evidentemente enorme, principalísima responsabilidad de Ebrard en la pésima construcción de la Línea 12 del metro, lo dejan en muy mala posición.

Pero, entendámonos, que Ebrard no sea la primera opción sucesoria de Andrés Manuel no significa que esté derrotado.

El canciller es listo, sabe dar la pelea y cuenta con aliados poderosos tanto en Morena (uno de ellos, el senador Monreal) como fuera del partido de izquierda, donde ha tejido una importante red de apoyo político y económico (es el favorito de los grandes medios y de los potentados mexicanos a quienes mimó durante su periodo como jefe de gobierno, inclusive llegando al extremo de no exigirles un trabajo eficaz en las obras de la Línea 12).

Es más probable que las simpatías personales del nuevo secretario de Gobernación coincidan con las del presidente AMLO, y que, entonces, a Adán Augusto le vaya a corresponder trabajar en lo que ya trabajaba: hacer de Claudia Sheinbaum la candidata presidencial.

De ninguna manera es un secreto que los gobernadores de Morena que llegaron a sus cargos en 2018 han formado un bloque a favor de la jefa de gobierno capitalina.

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A ese bloque seguramente se integrarán no pocos de los nuevos gobernadores del partido de izquierda, especialmente las gobernadoras electas, que deben estar ya exigiendo que su movimiento le dé a México la primera presidente de la historia.

Creo que Adán Augusto en el tema de las desgastantes disputas políticas hará equipo con el secretario de gobierno de la CDMX, Martí Batres; para ambos la prioridad es poner a Claudia a salvo de los ataques.

Desde luego, que Sheinbaum sea la favorita de la izquierda y, por lo tanto, de AMLO, no significa que tenga asegurada la candidatura.

Enemigos le sobran a la jefa de gobierno, sobre todo porque ha decidido reafirmar su convicción de que el lopezobradorismo debe tener vida más allá del año 2024.

Podrían sus rivales derribar a Sheinbaum —el riesgo del nocaut lo sufre cualquier persona que se sube al cuadrilátero—, así que restarle fuerza a los numerosos golpes que ella recibe será, en lo político, la primera misión que se le encargará al nuevo titular de Gobernación, algo que naturalmente pasa por la revocación de mandato, que es tanto una oportunidad como un peligro para la 4T.

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