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– Final cantado


A partir de la ilusoria hipótesis de que “el pueblo pone y el pueblo quita”, podría realizarse una encuesta -menos complicada, menos costosa y parecidamente acertada en el resultado- para que el susodicho pueblo (“bueno y sabio”, dizque) decidiera si sería pertinente incorporar a la legislación, primero, el mecanismo de la revocación de mandato -que ya existe y se ha aplicado en otros países-, y proceder, a continuación, a llevarla a la práctica en México.

Sería menester para ello, de entrada, que hubiera indicios de que un porcentaje significativo de la población se sintiera gravemente afectado por (o harto de) las torpezas, pifias y necedades del gobernante en turno.

Promover formalmente el plebiscito -consulta o como quiera denominarse- de revocación de mandato, vendría al caso si la mayoría de los ciudadanos desaprobara ostensiblemente muchas decisiones del gobernante y decidiera removerlo, aun a riesgo de que el país entrara en una etapa de inestabilidad política, o de que el remedio resultara peor que la enfermedad. Cuando, por el contrario, el gobernante, a pesar de todos los pesares, goza de índices considerables de aprobación, o, como en las corridas de toros, entre el público hay división de opiniones, el sentido común indica que la dichosa consulta -por sus costos y sus riesgos- resultaría desaconsejable; o, al menos, ociosa.

-II-

En el caso del ejercicio que casi seguramente se llevará a cabo en México en marzo del año próximo, tanto las opiniones en contra de los analistas críticos como las voces -disidentes por naturaleza- de los dirigentes de los partidos de oposición, resultan inoperantes. Los cuatro mil millones de pesos que se van a gastar -que no invertir, porque toda inversión implica la razonable perspectiva de un beneficio estimable… que no es el caso- aun en las difíciles condiciones económicas por las que atraviesan el país y sus habitantes, no son argumento para disuadir (¡faltaba más…!) al autor de la ocurrencia. La obvia inconstitucionalidad de la misma, menos. Lo previsible del resultado, de haber la concurrencia ciudadana necesaria para hacer vinculante el resultado, tampoco. La perspectiva de que la gran mayoría de los ciudadanos opte por el abstencionismo para no legitimar con su participación un ejercicio innecesario y costoso, por lo consiguiente.

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-III-

La revocación de mandato -mejor dicho, su tácita ratificación- se realizará… pero, como en las películas de James Bond (o de Los Hermanos Almada, lo mismo da), cualquiera sabe, desde ahora, qué ganará “El (autoproclamado) Muchacho de la Película”…

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